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El choque chino

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EL PRIMER CHOQUE OCURRIÓ A finales del año pasado con la abrupta y dramática caída de los precios del petróleo (resultado del fuerte aumento de la oferta y una menor demanda en el mercado mundial).

 El descenso de los precios del crudo modificó la trayectoria que había tomado la economía colombiana por más de 10 años. Quedó claro que el sector petrolero —por mucho tiempo el epicentro de la inversión, la fuente más dinámica de ingresos fiscales y del movimiento accionario— debía perder vapor y pasar a un segundo plano. Se revisaron hacia abajo los estimativos de crecimiento del PIB, se devaluó el peso, subió el déficit fiscal, cayeron las bolsas y se desplomaron los precios de numerosos activos. Comenzó así el doloroso proceso de ajuste para lograr una economía más balanceada, ahora con énfasis en la industria y la agricultura, dos sectores que habían sido fuertemente golpeados en los años del auge petrolero.

En estas semanas se está presentado un segundo choque: el desinfle de las tasas de crecimiento de la economía de China, cuyos impactos refuerzan los del primero.

La economía china, con un tamaño equivalente al 15 % del PIB mundial, con un crecimiento sostenido, cercano al 10 % anual durante casi 30 años, fue el motor económico del planeta. Su elevado consumo de materias primas de todo el mundo fue el principal factor detrás del auge de los precios de los commodities y, por lo tanto, del dinamismo de las economías de Brasil, Argentina, Colombia y la mayor parte de las llamadas economías emergentes. Por este motivo, las noticias de la reducción de sus tasas de crecimiento tuvieron un fuerte impacto sobre los ya decaídos precios de las materias primas, e indujeron una nueva ola de devaluaciones alrededor del mundo (muy visible, por supuesto, en Colombia la semana pasada).

La alarma surgió, de golpe, por la acumulación de varios hechos negativos: (i) el desplome de las principales bolsas chinas de más del 40 %, a pesar de los enormes esfuerzos del Gobierno para impedir su caída; (ii) la evidencia de la reducción de las exportaciones, el principal factor de la expansión china desde 1980, un hecho que forzó a sus autoridades a devaluar su moneda; (iii) la confirmación de un endeudamiento interno excesivo, por un monto cercano al 280 % del PIB, un nivel claramente peligroso, que será un lastre que frenará el desempeño de su economía; y (iv) los reportes de analistas que argumentan que la tasa de crecimiento del PIB chino ya es bastante inferior al 7 % anual que sostienen sus autoridades (armados de una batería de estadísticas alternativas, estos analistas piensan que la tasa real es, en realidad, inferior al 4 % anual). Si bien después de que el banco central chino redujo la tasa de interés la semana terminó con un respiro en las caídas de las bolsas, precios del petróleo y tasas de cambio, los temores sobre el desempeño de la gran economía asiática parecen confirmados.

¿Por qué esto es importante para Colombia? Como consecuencia de este segundo choque se deben revisar las proyecciones macroeconómicas, especialmente las de 2016 y 2017, pues los pronósticos existentes reflejan solo el impacto del primer choque. De este ejercicio están surgiendo cifras preocupantes y, asimismo, se confirma la existencia de una serie de complicados desafíos monetarios y fiscales para nuestras autoridades económicas.

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