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Está en juego el futuro de la educación

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NO ES NECESARIAMENTE LO MISMO mejorar la educación de los niños de Colombia, que ceder a las demandas de Fecode.

Hay objetivos de ese sindicato, como eliminar las evaluaciones de su rendimiento, imponer débiles condiciones de ingreso o hacer que los reglamentos laborales sean menos estrictos, que van en contra de los intereses de la calidad de la educación pública.

En lo de los niveles salariales, en cambio, no hay discusión. Fecode, la ministra y los académicos piensan que debe mejorar la remuneración de los maestros, obviamente de acuerdo con las limitaciones fiscales. Pero, eso sí, se sabe que subir los salarios de un golpe, al tiempo que se elimina o diluye la evaluación, sin un plan estricto para mejorar la calidad, es botar la plata.

Los intereses de los niños pobres y de los maestros de las escuelas públicas, con frecuencia, están enfrentados. Lo que es bueno para los maestros —menos horas laborales, menos control de su rendimiento— es malo para los jóvenes. Pero aquí se presenta un problema de economía política, el de las minorías organizadas que se imponen a unas mayorías dispersas, sin capacidad de representación. Mientras miles de maestros constituyen una organización fuerte, dotada de cuantiosos recursos y sólida representación política, los millones de niños y sus padres están atomizados, no salen a las calles ni pueden hacen paros. Su voz no se oye.

Una ministra como Gina Parody, que trata de defender los intereses de los niños, puede quedarse sola. El jefe de Fecode argumenta que tiene un pacto político de un nivel superior con el propio presidente de la República, que supera los temas de la educación. El señor Grubert dice que después de que Santos perdió la primera vuelta con Zuluaga, Fecode se comprometió a apoyarlo (supuestamente por la paz), a cambio de ciertas reciprocidades. Y lo que se entiende es que Fecode está cobrando el favor. Esto a cambio de aquello.

Esto ya ha sucedido antes. Después de la primera vuelta de la elección de 1994, además de los tratos que dieron lugar al proceso 8.000, Fecode se sumó a la campaña de Samper, lo cual, más adelante, se tradujo en alzas salariales y varias ventajas para ese sindicato. La suerte de la educación quedó subordinada a las transacciones de un candidato en apuros.

Después de ese episodio de 1994, la política educativa sólo tuvo un avance importante con el nuevo estatuto docente que promulgó el ministro Francisco Lloreda, que estableció exámenes de ingreso y evaluaciones de rendimiento para los nuevos maestros —el ascenso por mérito y desempeño hoy está en la mira de Fecode—, y los conocidos esfuerzos de la ministra Cecilia María Vélez por ordenar y poner a marchar el pesado aparato educativo.

La ministra Parody ha logrado poner a la educación en el centro del segundo gobierno del presidente Santos. Se ha rodeado de un grupo competente y entusiasta de colaboradores. Sus iniciativas reflejan las recomendaciones de los mejores estudios académicos disponibles y las prácticas internacionales. Eso está hoy amenazado con la factura de Fecode al Gobierno.

No sólo están en juego la cabeza y el núcleo del programa de Gina Parody, con el cobro de un favor electoral, bajo la presión de un paro. Se está definiendo el futuro de la calidad de la educación, una de las claves de la equidad en Colombia.

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