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Fiesta en medio de la crisis

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En medio de la fiesta que goza la economía colombiana es difícil que muchas personas perciban las grandes dificultades que sigue viviendo la economía mundial.

A medida que se confirman las noticias de la notable expansión del PIB de 2011, del volumen récord de la inversión extranjera, el crecimiento del empleo y el crédito, algunos oyen, lejanos y amortiguados, los ecos de los desajustes y las ruidosas discusiones de las principales economías del mundo. Analistas y políticos eufóricos repiten que estamos blindados, que lo que pasa en el mundo no puede afectarnos.

Haciéndole honor a la definición de que un pesimista no es más que un optimista bien informado, Nouriel Roubini ha señalado cuatro riesgos que, de materializarse, podrían desatar una crisis internacional de gran magnitud.

El primero es la profundización de la crisis europea, cuyos países ya sufren de una nueva recesión y cuyas autoridades parecen desbordadas e impotentes ante la magnitud de los problemas que enfrentan. Aunque Grecia completó con éxito el jueves pasado el nuevo canje de su deuda, su rescate y recuperación no están, para nada, asegurados. La situación de otros países del sur de Europa sigue siendo crítica.

El segundo es la desaceleración de la economía china, por muchos años la locomotora de la economía mundial y la causa del gran aumento de los precios de las materias primas que han impulsado las bonanzas de buena parte de los países emergentes. Aunque sus autoridades hablan de que la tasa de crecimiento no será del 9% anual, como en los años pasados, sino un 7,5%, todavía una cifra importante, algunos observadores piensan que, debido a las dificultades domésticas, la caída del crecimiento chino podría ser bastante mayor.

El tercero es el aumento de las tensiones políticas y militares en el Medio Oriente a raíz de las sanciones, amenazas y discusiones generadas por el desarrollo nuclear de Irán. Como consecuencia de estos hechos, el precio del petróleo ha superado los US$100 por barril, aun en medio de la gran debilidad de la demanda de los principales mercados del mundo. A nadie se le escapa que el escalamiento de la crisis podría tener serias consecuencias no sólo sobre el mercado petrolero, sino también sobre las economías consumidoras.

El cuarto es la debilidad de la economía de EE.UU. y la probabilidad de que en algún momento del futuro cercano vuelva a presentar signos de recesión. Aunque las cifras más recientes apuntan en sentido contrario —el crecimiento se ha reactivado y las cifras de empleo muestran alguna recuperación—, Roubini y otros analistas piensan que la situación es todavía demasiado frágil, numerosos factores negativos mantienen su vigencia y, en una palabra, no es todavía tiempo de cantar victoria.

Aunque es posible que no se materialicen estos riesgos, en cuyo caso podría continuar la fiesta y el ambiente despreocupado en la economía nacional, las empresas locales y el mismo gobierno deberían pensar, por si las moscas, en planes de contingencia para enfrentarlos, aun si se considera que tienen baja probabilidad de ocurrencia. Como siempre en períodos de incertidumbre, la recomendación general es mantener posiciones líquidas en los portafolios y alejarse de las inversiones más riesgosas. No es hora de entregarse, sin ninguna prevención, al carnaval de la euforia.

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