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El plan de expansión de gas de los primeros años de la década de los noventa, que indujo la creación de una red de casi 7.000 kilómetros de gasoductos y la expedición de las leyes de servicios públicos que incentivaron la participación privada en el transporte y distribución, desencadenaron una verdadera revolución en materia de gas en Colombia. Cerca de 25 millones de personas reciben hoy los servicios del gas domiciliario y más de 300.000 carros se han convertido a gas.
Desde hace algunos años, sin embargo, se han venido presentando síntomas de crisis y retroceso. Las frecuentes interrupciones y la incertidumbre sobre la confiabilidad de la oferta han desestimulado las inversiones y han hecho que numerosas industrias y las plantas térmicas, incluso las que ya se habían convertido a gas, utilicen ahora otros combustibles menos limpios y más costosos.
La paradoja es que Colombia tiene reservas suficientes de gas que, a causa de problemas regulatorios y comerciales, no pueden transformarse en una oferta efectiva y flexible que se acomode a la demanda del país y permita las exportaciones.
Detrás de esta situación se encuentran vacíos de la política energética de años pasados.
La solución exige que se creen las condiciones para que Colombia pueda exportar gas sin restricciones, de tal forma que, de nuevo, se estimulen la inversión y la producción. De esta manera, las reservas podrían convertirse en una oferta efectiva y dinámica.
Hasta ahora ha sido difícil convertir en una realidad el potencial de las exportaciones a causa de los problemas del mercado interno causados, entre otras cosas, por las interrupciones y los riesgos asociados al fenómeno de El Niño y a los problemas de las redes de transporte.
Numerosos expertos señalan que la clave para poder exportar es crear las facilidades y condiciones para importar gas, de tal forma que se garantice una oferta flexible que se acomode a las variaciones de la demanda doméstica y se asegure la confiabilidad del suministro en distintas situaciones críticas.
Los estudios de Fedesarrollo, liderados por los expertos Fernando Barrera, Eduardo Afanador y Astrid Martínez, indican que la solución consiste en la construcción de facilidades para importar y almacenar gas natural licuado en la Costa Atlántica. Estos investigadores señalan que, con esta iniciativa, se acabaría el círculo vicioso “que consiste en un mercado pequeño que no atrae inversión en exploración, razón por la cual no hay nuevos descubrimientos ni desarrollo del mercado”.
Una vez despejado el panorama del abastecimiento local por medio de este proyecto, los productores colombianos podrían celebrar contratos de exportaciones en firme con los compradores del exterior sin las restricciones impuestas por los riesgos, sobrecostos y dificultades asociadas a eventuales interrupciones para abastecer el mercado interno.
Por su impacto sobre la inversión, la producción y la estabilidad del suministro de gas, esta iniciativa apoyaría la expansión de la generación firme y eficiente de energía en Colombia, uno de los requisitos indispensables para el crecimiento y la modernización de la economía en las próximas décadas.
Una pronta decisión en esta materia sería comparable con las que se tomaron en la primera mitad de los años noventa, las mismas que desataron la primera gran expansión del sector.