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Jueces ciegos

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HAY UN CLAMOR PARA QUE SE INTROduzcan ayudas tecnológicas que eviten los graves errores arbitrales y que impidan que se deteriore la credibilidad en el fútbol. Un fútbol con impunidad es como una sociedad sin justicia.

La Fifa, con un lenguaje reaccionario, hasta hace pocos días rechazó todas las propuestas de cambio. Incluso prohibió la repetición de las jugadas polémicas en las pantallas de los estadios. Su planteamiento de fondo es que el error humano, de jugadores y árbitros, es una parte esencial del fútbol.

Las repeticiones de la cámara lenta y los software especializados muestran jugadas que antes pasaban inadvertidas para los árbitros. El gol de Inglaterra frente a Alemania, el de Luis Fabiano después de hacer dos manos y el de Tévez en fuera de lugar fueron pescados por las cámaras para millones de personas e ignorados por los cuatro árbitros presentes. Francia clasificó con una mano de Henry que todo el mundo vio menos los árbitros. Si esos goles ilícitos se hubieran anulado, la historia de este mundial habría sido muy distinta.

Ya sabemos que esto había pasado antes. Cientos de millones de personas vieron la famosa mano de Maradona; y años atrás, en la final de 1966, un grupo más reducido se percató de un gol que no debió ser. La precaria tecnología de entonces nos hizo pensar erróneamente que esos habían sido casos excepcionales.

Hay dos tipos de propuestas para corregir los problemas. Introducir dos árbitros más, cerca de las porterías, como en la liga europea, o usar instrumentos tecnológicos para revisar las jugadas cuestionadas. En esta materia, el ejemplo lo da el tenis. En este deporte se analizan las bolas críticas con la ayuda de un sistema llamado Hawk-Eye, que utiliza seis cámaras, conectadas a un computador, el mismo que luego reproduce en tres dimensiones la trayectoria de la bola.

El gran desafío consiste en mantener la continuidad del fútbol (en contraste con los deportes norteamericanos que se suspenden después de cada jugada), al mismo tiempo que se revisan los resultados de algunas jugadas. Para analizar si la bola entró a la portería, existe un sistema de Cairos Technologies, que permite tomar una decisión inmediata. Una serie de cámaras y sensores transmite señales a un computador que enseguida procesa la información y envía un mensaje definitivo a los árbitros.

Los jueces de línea se equivocan y no se benefician de los análisis de las jugadas en fuera de lugar que millones de personas sí ven en cámara lenta en televisión. El cuarto árbitro debería disponer de un sistema inmediato de revisión de estas jugadas, que no interfiriera con la continuidad del juego y ayudara a tomar decisiones ilustradas.

 Estas tecnologías se deben introducir primero en los campeonatos más importantes, aquellos que pueden correr con los costos (esto llegará bien tarde a nuestro precario campeonato profesional). Al darles el visto bueno a estas tecnologías, en contra de sus obsesiones ecuménicas, la Fifa tendría que aceptar que las reglas ya no serían las mismas en todos los partidos de fútbol en todo el planeta.

La ilusión de millones de personas en el fútbol, una de sus pocas alegrías, se arruina si las reglas no se cumplen, si, como en tantas áreas de la vida política y social, no hay justicia en la cancha. Seguramente en el mundial de Brasil la Fifa ya entrará en razón. Así se salvará el fútbol.

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