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La figura del año

Armando Montenegro
19 de diciembre de 2015 – 09:00 p. m.

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Una de las grandes figuras del año fue la macroeconomía. El precio del dólar mojó más prensa que muchos de los personajes de carne y hueso. Lo mismo sucedió con la cotización del petróleo y, última y tristemente, con la inflación.

¿Cómo nos fue? Bien en materia de actividad económica, sobre todo si se tiene en cuenta la magnitud de la destorcida petrolera y las recesiones que padecen otros países exportadores de materias primas. Un crecimiento del PIB del orden del 3% es bastante aceptable. Las cifras de desempleo también se mantuvieron en niveles relativamente satisfactorios (aunque al final del año ya mostraban algunos retrocesos). Igualmente, el haber conseguido un déficit público del orden del 3%, en línea con la regla fiscal, es un logro significativo que ha sido reconocido por las calificadoras de riesgo, analistas especializados y entidades multilaterales.

El lunar de 2015 fue la inflación, que terminará el año cerca del 7% y en ascenso en la primera mitad de 2016. La influencia simultánea del alza de los precios de los alimentos, impulsada por El Niño, y la notable depreciación del peso, que impacta inicialmente los bienes y servicios transables, se trasladaron a las expectativas e hicieron volar en pedazos las metas oficiales. La creencia de que el denominado brote inflacionario iba a ser transitorio se disipó por tres motivos: (i) la economía no tiene excesos de oferta que puedan, por sí solos, inducir la baja de la inflación (el crecimiento del PIB potencial, es decir, la expansión máxima de la economía que no genera presiones inflacionarias, se sitúa en cerca del 3%); (ii) los incrementos de los precios de alimentos, que debieron ser transitorios, se están expandiendo por el sistema de precios a través de los mecanismos de indexación; (iii) el impacto de la devaluación también se ha regado por el sistema de precios de una manera más rápida y duradera que lo que muchos analistas pensaron. El traslado de las mayores expectativas de precios a los distintos contratos, comenzando por los salariales, hará que las tareas antiinflacionarias de 2016 sean especialmente difíciles.

Si la inflación fue el lunar, el enorme déficit en cuenta corriente se constituyó en el absceso. El déficit comercial, agigantado por el bajo precio del petróleo y la falta de respuesta de las exportaciones no tradicionales ante la devaluación, se ha sumado a los rubros negativos de la balanza de servicios para mantener un déficit externo superior al 6% del PIB. La financiación de este déficit impone riesgos considerables sobre todo el aparato económico y exige que se mantenga un cuidadoso manejo fiscal y bajo riesgo país.

Los asuntos macroeconómicos serán, otra vez, protagonistas del año que viene. La combinación de un menor crecimiento con una inflación en aumento es una pesadilla que ya desvela a las autoridades de otros países. Ante la imposibilidad de utilizar herramientas fiscales en el corto plazo, la tasa de interés, el único instrumento para luchar contra los dos problemas, seguramente se usará para tratar de controlar la inflación con algún costo adicional para el crecimiento. Como si todo esto fuera poco, se avecinan importantes decisiones sobre los gastos de paz y, en forma paralela, sobre el aumento de los recaudos por medio de una reforma tributaria. De todas formas, debemos desearnos un feliz y próspero 2016.

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