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Las consecuencias económicas de la paz

Armando Montenegro
01 de noviembre de 2014 – 10:00 p. m.

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En 1919 Keynes escribió, con este mismo título, un libro brillante que predijo el desastre que iba a resultar del Tratado de Versalles, con el cual se puso fin a la Primera Guerra Mundial.

No sólo anticipó la hiperinflación alemana y la crisis económica de Europa, sino que advirtió que una Alemania humillada y empobrecida seguiría siendo una grave amenaza para el mundo. A diferencia de Keynes, quien con su bagaje de profesor de economía monetaria y su conocimiento de las negociaciones se pronunció sólo después de que se firmó el Tratado, en Colombia se han divulgado algunas estimaciones sobre las consecuencias de la paz con la guerrilla que llaman la atención no sólo por su simpleza, sino porque ignoran los costos en que podría incurrir el país, que sólo se conocerán después de que culminen las negociaciones.

Keynes no desconocía que la paz, por sí sola, sin las complicaciones que se acordaron en París, propiciaría la expansión económica y comercial. Pero insistió en que las reparaciones que se impusieron a Alemania fueron excesivas e indicó que iban a causar hiperinflación y terminarían dañando a toda Europa. En cambio, algunos de los estudios de nuestro medio, tal vez animados por la impaciencia y la buena voluntad, pintan una situación idílica. Algunos funcionarios del Gobierno aseguran que la tasa de crecimiento de largo plazo de Colombia, que estiman en un 5% anual, se va a elevar por encima del 7%: por la paz se conseguiría un 1% adicional y otro 1% por el impacto de la construcción de infraestructura. Pero es aún más llamativo el cálculo de los economistas Édgar Villa, Jorge A. Restrepo y Manuel Moscoso, quienes estiman que el crecimiento se duplicará en forma indefinida, de una base que sitúan en un 4%, al 8%. Aparte de padecer de una variedad de problemas técnicos, es evidente que estas cifras desconocen los costos de llevar a cabo lo que se acuerde en las negociaciones. Están, evidentemente, sobreestimadas.

El impacto económico dependerá, entre tantas cosas, del monto del esfuerzo fiscal y el efecto que el proceso pueda tener sobre la seguridad jurídica e incluso sobre la seguridad física después de la desmovilización de las guerrillas (por ejemplo, el posible incremento de numerosas formas de delincuencia organizada). En lo fiscal, no es lo mismo subir los impuestos y elevar el endeudamiento para gastar $40 billones que $80.000 millones. No es lo mismo que ese esfuerzo se haga en cinco que en 15 años. No es lo mismo invertir en proyectos bien diseñados que en gastos apresurados sin mayor rentabilidad social. No es lo mismo hacerlo en un ambiente de caída de precios del petróleo y penuria fiscal que en épocas de vacas gordas. No es lo mismo financiar el posconflicto a costa de recortar los programas de educación y construcción de carreteras, que hacerlo en armonía con proyectos claves para el país. Todo dependerá de lo que se pacte en La Habana.

Es indispensable que entidades independientes realicen evaluaciones realistas que tengan en cuenta los indudables beneficios y los distintos costos del posconflicto. Keynes dio un ejemplo de seriedad profesional en su análisis de las consecuencias económicas de un defectuoso tratado de paz.

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