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Michelle Rhee

Armando Montenegro
16 de octubre de 2010 – 09:52 p. m.

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LA TRAYECTORIA DE ESTA NORTE-americana de familia coreana, que acaba de renunciar a la Secretaría de Educación de Washington D.C., una ciudad con una población plagada de pobreza, marginalidad y pésimas escuelas, es relevante para pensar en el futuro de nuestra educación.

La aproximación de Rhee a la reforma se centra en la idea de que la clave en el proceso educativo es la calidad de los profesores. Rhee no privilegia, por ello, la privatización o el sistema de vouchers (becas), sino la transformación de las escuelas públicas.

Como graduada de Harvard se convirtió en maestra de primaria de Baltimore, recluta de Teachers for America, una ONG que se especializa en vincular a muchachos recién salidos de la universidad a las escuelas de zonas apartadas, una especie de Peace Corps dentro de su propio país. Los afortunados alumnos de Rhee mejoraron significativamente sus resultados en las pruebas de conocimiento.

Animada por esta experiencia, creó una fundación, New Teacher Project, especializada en enganchar y formar maestros de calidad (10.000 en diez años) para el sistema público de zonas pobres.

En 2007, Adrian M. Fenty, alcalde de Washington D.C., la nombró secretaria de Educación, con libertad para poner en práctica sus ideas reformistas. Rhee se concentró en el diseño de incentivos al régimen salarial de los maestros, con la meta de mejorar el rendimiento académico de los estudiantes.

Firmó un pacto con el sindicato que puso en marcha un sistema de evaluación que otorga incentivos monetarios a los maestros en relación directa con la mejoría del desempeño académico de sus alumnos (y que contempla despidos para los que no enseñan nada). El esquema funcionó: subieron los resultados de los exámenes en la ciudad.

Rhee comparte la idea de otros reformadores de que las escuelas completamente degradadas, aquellas que no pueden salvarse mediante cambios internos, deben convertirse en charter schools (colegios por concesión).

Al igual que otros reformadores atrevidos, Rhee desató reacciones que finalmente la sacaron del juego. El sindicato de maestros y el establecimiento burocrático de la ciudad, sus enemigos jurados, votaron masivamente por Vincent C. Gray, quien derrotó a Fenty en las elecciones primarias del Partido Demócrata y será el nuevo alcalde de la ciudad. Rhee tenía que irse.

Es posible que su reforma, que necesitaba por lo menos otros cuatro años de esfuerzos sostenidos, quede inconclusa.

Con sus errores y aciertos, Rhee hizo un aporte significativo al movimiento de reforma educativa de Estados Unidos, un vibrante esfuerzo, heterogéneo y dinámico, que ensaya fórmulas y esquemas, se apoya en la academia y en experimentos prácticos, cosecha éxitos y sufre retrocesos, cuyo objetivo es sacar de la crisis a un sistema fracasado, que condena a la pobreza a millones de estudiantes de las escuelas públicas de Estados Unidos.

En nuestro medio, que padece una situación educativa objetivamente más grave que la de Washington D.C., el movimiento de reforma apenas si ha dado sus primeros pasos. Para que despegue, es preciso entender la dimensión de la crisis; se requiere un buen diagnóstico y la discusión y agitación de las ideas y experiencias innovadoras de ésta y otras latitudes. Hacen falta insumos académicos frescos y nuevas caras en el debate educativo. Todo está por hacer. Hay poco en la agenda.

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