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El comportamiento económico de 2015 quedó marcado por lo que sucedió en las últimas semanas de 2014.
De las alegres previsiones de hace sólo unos meses, el país económico pasó a tener la certidumbre de que se vienen tiempos más duros. A continuación describo algunas cosas que llegaron para quedarse:
(i) El crecimiento de la economía en 2015 no será superior al 4,5% como venía predicando el Gobierno hasta hace poco. Los altos funcionarios ya comienzan a reconocerlo y, poco a poco, tratan de hacer que ese número aterrice suavemente a un rango razonable. Buena parte de los analistas independientes del país y del exterior, mientras tanto, ya sitúa las cifras de crecimiento del PIB entre un 3% y un 4%.
(ii) El sector petrolero comenzó el año 2014 en la gloria y lo terminó en el infierno. Y en los próximos meses no se pronostica un cambio de situación. Hay previsiones pesimistas de los precios internacionales y, en el campo doméstico, malos augurios de producción, inversión extranjera, exploración y reservas.
(iii) Ahora que miles de personas han perdido dinero con las acciones en Ecopetrol, se deberían atender las recomendaciones de la OECD y fortalecer el gobierno corporativo de la empresa. La OECD insiste en que se deben eliminar los posibles conflictos de interés y disipar la amenaza de injerencia política por medio de la exclusión de los ministros de la Junta (la repartición de dividendos ilustra uno de los problemas: mientras que Ecopetrol necesita fortalecerse patrimonialmente, el Gobierno, ávido de fondos, impone la decisión de trasladarle a su Tesorería el máximo de recursos y, de esta forma, debilita a la empresa y amenaza su futuro).
(iv) La principal conclusión del debate sobre la reforma tributaria es que vienen más reformas tributarias. Los recaudos simplemente serán insuficientes para cubrir los desequilibrios fiscales previstos en los próximos años.
(v) La estructura fiscal resultante de la reforma es una muestra de la inseguridad jurídica imperante en Colombia. Las tasas de los tributos son y serán transitorias, mutantes, sujetas a revisiones súbitas. No hay razones para esperar que los impuestos temporales no se conviertan en permanentes y que los programas escalonados de reducción de tarifas no se posterguen o se modifiquen arbitrariamente. ¿Cuántas veces se ha decretado el fin o la baja del 4×1.000? ¿Quién puede confiar en que se va a acabar el Impuesto al Patrimonio?
(vi) Los debates por venir confirmarán la conclusión de que la regla fiscal quedó mal hecha. Incumplió el principal requisito de un mecanismo anticíclico: no impuso metas exigentes de ahorro en la época de las vacas gordas. Al permitir que los objetivos del déficit se cumplieran con facilidad en sus primeros años, les facilitó la vida a quienes la inauguraron y les pasó la factura a los de más adelante.
(vii) En los países donde la desaceleración económica comenzó primero (México, Chile y Brasil) aumentó el pesimismo, cayó la popularidad de los gobernantes y se redujo su margen de maniobra para enfrentar la crisis. Si estas experiencias son una guía de lo que podría pasar en Colombia con el menor crecimiento económico en el año 2015, será necesario realizar un gran esfuerzo político para buscar consensos sobre el manejo económico, por encima de la polarización existente alrededor del proceso de paz.