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¿Peor que Trump?

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Muchas personas, alarmadas con la vulgaridad y la agresividad de Donald Trump se podrían sentir aliviadas si el millonario llegara a sufrir una derrota en las primarias de Ohio y Florida el próximo martes.

No todas, sin embargo, tienen claro que la alternativa, el senador de Texas Ted Cruz, quien a estas alturas podría ser el único competidor con alguna probabilidad de ganarle, podría ser tan o más malo que el mismo magnate. El senador republicano Lindsay Graham dijo que elegir entre ellos dos equivalía a optar por el suicidio con un balazo o con veneno, una frase que recuerda una de Mockus, quien señaló en 1998 que la opción entre Pastrana y Serpa era como la de escoger entre el sida y la hepatitis C.

Cruz es ultraconservador. Ha militado en el ala más extrema del Partido Republicano, el llamado Tea Party. Llegó al Senado en 2013 y allí se caracterizó por su virulencia y lideró las maniobras que produjeron el cierre del Gobierno.

Sus grandes apoyos han sido los evangélicos y el famoso lobby de las armas. Proclama que “un presidente que no comience el día de rodillas no está calificado para ser comandante en jefe de la Nación”. Rechaza el matrimonio gay y cualquier forma de aborto, incluso en casos de violaciones o de graves problemas de salud de la madre. Y, por supuesto, se opone a los controles a la libre venta de armas de fuego.

Como fiel seguidor de las ideas de Hayek y Von Mises, Cruz está en contra de la intervención del Gobierno en la economía. Propone un impuesto plano a la renta del 10% (que haría que bajen masivamente los tributos que pagan los ricos) y la eliminación del IRS (la DIAN gringa). En materia monetaria, quiere restablecer el llamado patrón oro, abandonado hace más de 80 años, una idea exótica, pésima en opinión de los académicos. En materia social, Cruz eliminaría la reforma a la salud impulsada por Obama, dejando sin seguro médico a millones de personas sin recursos.

Sus propuestas de política internacional son muy simples. Se limita a proclamar su amistad con Benjamín Netanyahu y promete bombardear metro a metro las ciudades controladas por ISIS y, a punta de dinamita y metralla, hacer “brillar el desierto”.

Niega la existencia del cambio climático y se opone a las reformas dirigidas a disminuir el consumo de combustibles fósiles y a estimular las energías alternativas.

A pesar de su origen cubano, no recibirá el apoyo de los latinos por sus ideas en materia de inmigración. Sus propuestas son semejantes a las de Trump: construir una muralla de 700 millas en la frontera con México y deportar masivamente a los inmigrantes indocumentados.

De llegar a la Presidencia, Cruz reversaría la apertura de Estados Unidos hacia Cuba, una iniciativa que ha criticado duramente. La misma suerte correrían, seguramente, algunos cambios graduales que ha permitido Obama en la lucha contra las drogas. Y, precisamente, por estar relacionado con los Castro y la cocaína, se podría predecir que no mantendría el apoyo que Obama le ha dado al proceso de paz en Colombia.

Cruz se parece, en una palabra, a las caricaturas de los presidentes de Estados Unidos que hacía la izquierda latinoamericana en las décadas pasadas. Su ascenso, como el de Trump y otros insurgentes extremistas, refleja la grave crisis del Partido Republicano y la preocupante polarización en la sociedad norteamericana.

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