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La polarización hace que se politicen decisiones que no deben caer en el campo de la lucha partidista. El uso de los tapabocas en Estados Unidos, por ejemplo, se ha convertido en un motivo de confrontación entre algunos líderes republicanos, que los rechazan ostentosamente, y la mayoría de los demócratas que proponen su uso generalizado.
Estas decisiones deberían basarse en los conceptos de los expertos en salud y, si el costo de lo que aconsejan es razonable, como el del uso de tapabocas, sus directrices deberían convertirse en políticas públicas. Ejemplos parecidos se encuentran en las discusiones sobre la lucha contra el cambio climático, la aprobación de medicamentos, las políticas de vacunación y tantos temas alrededor de los cuales, con alguna frecuencia, se ignoran las opiniones científicas.
Buena parte del manejo económico en todos los países del mundo, lejos de las confrontaciones políticas, descansa por fortuna sobre un amplio campo de conocimientos especializados, basados en la teoría y la experiencia de muchos años. Este es el caso de los bancos centrales autónomos.
El Banco de la República de Colombia adquirió su independencia precisamente cuando la Constitución de 1991 amplió los espacios democráticos en el país. La Constitución le ordena al emisor que controle la inflación, pero le otorga completa autonomía en la forma de alcanzar sus objetivos. Le exige, sin embargo, que presente sus resultados ante el Congreso. Para realizar sus tareas, el Banco cuenta con una sofisticada tecnocracia, conocedora de las mejores teorías y técnicas del manejo monetario y cambiario.
Entre tantas entidades que requieren equipos de personal altamente calificado y deben gozar de mayor autonomía se encuentran las comisiones de regulación, las superintendencias, el Invima, la ANLA, la ANI, el control aéreo, para citar solo unas pocas. Todas ellas deberían contar con unas tecnocracias sólidas, conformadas por expertos con alta formación académica, buena remuneración, estabilidad e independencia para el ejercicio de sus funciones. De esa forma, sus decisiones, como los movimientos de las tasas de interés del Banco de la República, estarían precedidas de los mejores estudios y evaluaciones técnicas.
Este tipo de consideraciones, según el historiador David Bushnell, estuvieron detrás de la conversión del DNP en una organización tecnocrática, con cierta independencia frente a los movimientos políticos. Bushnell señala que el presidente Lleras Restrepo fortaleció Planeación Nacional para superar las dificultades creadas por la necesidad de concertar las distintas decisiones económicas con los líderes de las dos organizaciones políticas que hacían parte del Frente Nacional. Impulsó esta entidad como una especie de árbitro especializado que podía recomendar, con autoridad técnica, las mejores decisiones a los jefes de los partidos tradicionales. De esta forma, el DNP logró autonomía tanto en sus análisis como en la formulación de recomendaciones a los distintos problemas del país.
Ante la notable polarización que vive el país, precisamente cuando es necesario discutir y adelantar profundas reformas políticas y sociales, resulta indispensable que los actores políticos tengan en cuenta la opinión de los expertos en temas como el combate de la pobreza, la reducción del desempleo y las finanzas públicas.