Trumponomics y Colombia

Armando Montenegro
04 de febrero de 2017 – 09:00 p. m.

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A diferencia de México, China o Europa, Colombia no está en la mira del nacionalismo comercial y laboral de Donald Trump. Pero, a medida que el nuevo presidente norteamericano ponga en marcha sus programas, la economía colombiana, de rebote, podría verse afectada. Colombia también está expuesta a las consecuencias de las nuevas políticas norteamericanas sobre narcóticos y terrorismo.

Una característica central del discurso de Trump es su proteccionismo militante. Como es natural, si reniega o renegocia los tratados de libre comercio e impone aranceles en su país, nuestras exportaciones a Estados Unidos, que hoy ascienden a cerca de US$10.000 millones, la tercera parte del total, podrían verse afectadas y, por esa vía, se frustraría uno de los escasos canales de recuperación del decaído crecimiento económico de este y los próximos años.

Otra preocupación es la de las transferencias que envían los colombianos que viven en Estados Unidos, muchos de ellos ilegales, a sus familias en Colombia, que en 2016 alcanzaron una suma aproximada de US$3.000 millones, un monto bastante superior al de las exportaciones de café, una importantísima fuente de recursos de miles de personas en todo el país. Si llegan a materializarse las amenazas de deportaciones y hostigamientos a los inmigrantes, estos ingresos podrían, en alguna medida, verse afectados, con el consecuente impacto sobre el conjunto de la economía.

En el campo macroeconómico, los analistas predicen el alza de las tasas de interés en Estados Unidos, no sólo en el corto plazo por las previsibles medidas antiinflacionarias, sino por el aumento del déficit fiscal en el mediano plazo (resultado de la baja de impuestos y del aumento del gasto en infraestructura que ha prometido Trump), un fenómeno que en Colombia dificultará la financiación del déficit público y el de la cuenta corriente. Cuando esto suceda, se presentarán presiones para una mayor devaluación y mayores tasas de interés domésticas. Si Colombia no reduce el déficit fiscal y asegura una trayectoria sostenible de la deuda pública en los próximos años, estará sujeta a serios riesgos macroeconómicos que pueden amenazar el crecimiento y el empleo.

Todavía no se conocen las políticas antidrogas de la nueva administración norteamericana, pero se teme que, ante el espectacular ascenso de la siembra de coca en Colombia, el gobierno de Trump comience una escalada de presiones para que se reinicien masivamente las fumigaciones aéreas, en abierto conflicto con las nuevas políticas colombianas en esta materia, resultado del cuestionamiento a los fracasos anteriores y, sobre todo, de los acuerdos con las Farc, que contaron con el beneplácito del gobierno del presidente Obama. Como es obvio, un eventual replanteamiento de la política antidrogas de Estados Unidos iría en contravía de la orientación de Colombia de concentrar los esfuerzos en la erradicación voluntaria y la sustitución gradual y consensuada de los cultivos de coca, un proceso que eventualmente podría producir resultados sólo al cabo de algunos años.

Buena parte de la suerte de la economía colombiana depende, otra vez, como tantas veces en el pasado, de eventos externos, por fuera del control de sus autoridades. Como los habitantes de tantos países del mundo, ahora estamos sujetos a los azares de los caprichos y obsesiones del señor Trump.

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