Irreversible

Arturo Charria
28 de noviembre de 2019 – 12:00 a. m.

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No hacía falta un mártir para que el cambio fuera posible, pero lo cierto es que ahora es irreversible.

A las 6:01 p.m.  del lunes 25 de noviembre, el Hospital San Ignacio publicó su séptimo comunicado sobre el estado de Dilan Cruz. Allí apareció la palabra “irreversible”. Estaba al final de las escasas líneas con que los médicos anunciaron la inminente muerte del joven estudiante y la impotencia que sentían al no poder hacer nada para salvarlo.

Durante cuatro horas la palabra me pesó en el cuerpo, como si de golpe estuviera perdiendo algo querido. Me estremeció pensar que pude haber sido yo o alguno de los que durante estos días nos hemos movilizado y que ese disparo homicida hubiera podido caer sobre mí, como cayó sobre Dilan.

Entonces me vi allí, en el lugar de Dilan. Sentí la fragilidad de la vida y la injusticia del azar que decidió hacer que fuera él y no cualquiera que estuviera en ese instante preciso, en ese lugar. Pero el azar no es un accidente, tiene nombre y responsabilidad propia: quien jaló el gatillo y quien dio la orden de dispersar las movilizaciones sin importar que fueran pacíficas.

De ahí que la responsabilidad no debe eximir a quienes toman decisiones que arrancan vidas y que ahora salen a lamentar la “muerte” del joven estudiante. Por eso sus comunicados deberían comenzar asumiendo las decisiones que ellos mismos tomaron y que ocasionaron el asesinato de Dilan Cruz. Aludir a la muerte en abstracto es un eufemismo con el que intentan lavar su culpa que también es homicida.

Pasadas las 10 de la noche, el miedo se convirtió en certeza y el dolor en impotencia. La frustración impedía que el día terminara y la noche se llenó de metales. Un estruendo que salía de las calles y de las ventanas y también de lo profundo del alma tenía inscrito el nombre de Dilan en todas partes: era un coro que exigía justicia.

Entonces, la palabra “irreversible” cae de nuevo y ya no solo desvanece la vida de Dilan, sino que habla del momento que vivo y mi lugar en esta historia. “Irreversible”, suena la palabra en la noche y es un filo que me rompe por dentro, porque soy consciente de que pudo haberse evitado. Pienso en ese instante en que cae su cuerpo y siempre queda la pregunta por ese paso que dio de más y sin el cual el disparo solo hubiera rozado su humanidad. Pero entonces quizá esa bala habría impactado en otro joven.

La muerte de Dilan me duele a cada paso, es una sensación que no logro ubicar en un punto exacto del cuerpo: pasa como arena por la garganta, una punzada en los pulmones o una masa de aire en el abdomen. Todo pesa. Todo cuesta. Todo duele.

Resulta complejo hablar de lo que viene. La rabia y la zozobra llenan las calles antes de que se llenen de gente. Así amaneció la ciudad el martes. Nuevas movilizaciones agitarán la capital y el país, porque un dolor colectivo se siente en todas partes.

@arturocharria

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