Lectura y democracia

Arturo Charria
19 de diciembre de 2019 – 12:00 a. m.

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Hace pocas semanas fue noticia el “descalabro” en las pruebas PISA en Colombia y otros países donde se realizó la medición. Entre los indicadores arrojados por esta prueba (que se aplicó a jóvenes de 15 años en 79 países), hay uno que llama la atención por su bajísimo resultado: la incapacidad de los estudiantes de diferenciar entre hechos y opiniones. El resultado es desolador, pues solo el 8,6% de los jóvenes que presentaron esta prueba en el mundo son capaces de comprender dicha diferencia.

La crisis en este caso no es por la escasa acumulación de conocimiento, sino por la ausencia de una habilidad que les permita a los estudiantes interpretar el mundo y la realidad y tomar decisiones de carácter público. Así, un joven que no diferencia entre un hecho y una opinión se convierte en un ciudadano que vota o actúa sin criterio, al tiempo que lo hace vulnerable a las llamadas fake news.

Hoy en día el mundo puede verse desde cualquier lugar y nivel socioeconómico. Una persona de escasos recursos a través de un celular puede acceder a la misma información que una persona de altos ingresos: todo a través de Google. Sin embargo, esto se convierte en una trampa, pues de lo que se trata no es, exclusivamente, del acceso a la información, sino de la capacidad que tienen las personas de interpretarla y, a partir de ella, tomar decisiones de carácter público.

Esta situación nos debe hacer reflexionar sobre la forma en que se enseñan y se evalúan las habilidades de lectura crítica, pues muchas pruebas de comprensión lectora son limitadas o disfuncionales en relación con el tipo de textos que leen los jóvenes. Por eso es importante que en clases de Español, Lenguaje o Habilidades Comunicativas se enseñe a través de información que circula por redes sociales: trabajar con fake news, cadenas de WhatsApp, tendencias en Twitter.

Aprender a leer y a interpretar esta información no se agota con repetir lo escrito, sino que es necesario comprender las intencionalidades, el lugar de enunciación de quien escribe y preguntar por la confiabilidad de la fuente. Al tiempo que se debe hacer conscientes a los estudiantes por lo que produce en sus emociones y cómo estas inciden en sus acciones, juicios y comportamientos con otras personas. Es decir, sus decisiones públicas.

La lectura tiene una función social en la vida de las personas y no se agota en la repetición de fonemas de manera pasiva. Un joven que a los 15 años no pueda diferenciar entre una opinión o un hecho es un ciudadano que no ejercerá de manera crítica su ciudadanía, no exigirá sus derechos políticos y será fácilmente manipulable por cadenas de odio que circulan en las redes sociales.

Esta situación es peligrosa para una democracia en la medida que exacerba dinámicas de violencia simbólica y física. Basta con recordar los hechos ocurridos a finales de noviembre en los primeros días del paro nacional, en donde el miedo circuló a través de extrañas cadenas de WhatsApp. Por estos rumores, muchas personas estaban dispuestas a “linchar” a todo aquel que consideraran sospechoso. Todo por no saber leer.

@arturocharria

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