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Uno de los retos más grandes que tiene un profesor de español es diseñar el plan lector de su curso. La composición de éste obedece a lineamientos curriculares y a factores extracurriculares de carácter ideológico.
Un plan lector debe articularse con otras habilidades comunicativas: tipos de textos, niveles de lectura, construcción de argumentos y estructuras internas de los párrafos. Paralelo a esto, los estudiantes leen textos del canon universal como La odisea o El Quijote, clásicos que en muchas oportunidades no apasionan ni siquiera a los docentes que los enseñan.
Los factores extracurriculares suelen ser más complejos: se incentiva el uso de libros que no alteren el mundo de los estudiantes. Cuando se incluye en un plan lector La virgen de los sicarios de Fernando Vallejo, la violencia, el lenguaje y el amor entre hombres suele resultar problemático para muchos acudientes. Lo mismo ocurre con obras que abordan temas sociales, políticos, emocionales y afectivos que, por su cercanía contextual con los estudiantes, resultan más peligrosas que otras. En este sentido, la composición de un buen plan lector debería ser tan aséptica que no importa que los jóvenes se alejen por siempre de la lectura. ¿Qué pasaría entonces si un profesor aprovechara la reedición de Un beso de Dick de Fernando Molano para incluirlo en el plan lector de su curso? Posiblemente abriría escándalo y un debate sobre la “ideología de género”, la pertinencia de ciertos contenidos en el aula de clase y la censura.
La novela cuenta la historia de dos adolescentes en Bogotá a finales de los años 80. Juntos descubren el amor y la sexualidad entre fiestas y partidos de fútbol. Es un libro de una profunda ternura en donde la violencia de la sociedad se manifiesta contra un amor que resulta indecente para otros. En el relato, Leonardo, uno de los protagonistas, exponiendo un poema frente a la clase, esconde su amor: “A mí me hizo pensar en el momento cuando uno cierra los ojos para dar un beso, y uno como que puede ver al otro por los labios y no por los ojos”, dice frente a sus compañeros. Los jóvenes amantes saben que solo hay un destinatario, como si se tratara de una carta de amor leída en voz alta frente a toda la clase.
Durante muchos años este libro circuló de manera clandestina en fotocopias. Estuvo sin ser publicado más de 20 años y dar con un ejemplar en las librerías era un milagro. Ahora se consigue en una bella edición y cuenta con un gran prólogo que ayuda a comprender la dimensión de la obra. Hoy esta novela podría incluirse en los planes lectores y discutirse en los colegios; ser objeto de estudio y permitir hablar con tranquilidad sobre la relación entre el miedo, la violencia y el amor, temas centrales en esta obra y que también hacen parte de la vida escolar.
Leer Un beso de Dick en el colegio puede ser una oportunidad para que la lectura pase de ser una habilidad mecánica y pasiva, y se convierta en una herramienta para comprender el mundo y llenarlo de sentido. Esta novela permitiría responder preguntas que se agitan en la intimidad de muchos estudiantes e incluso podría hacerlos más solidarios cuando la violencia se manifieste en lo público. Quizá de esta manera la literatura y la educación ayuden a superar la homofobia que cada tanto se manifiesta con toda su brutalidad, tal como ocurrió durante la conmemoración del mes del Orgullo Gay en Medellín, cuando un vándalo de carriel y sombrero apuñaló la bandera LGBTI. La sevicia del gesto estremece, pues esa acción representa la violencia que se ejerce sobre las personas de esa comunidad diariamente: la navaja no desgarra un pedazo de tela, sino el cuerpo de todo lo que se considere diferente.