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¿De dónde surgió Bolsonaro? Esta es la pregunta propuesta por el filósofo brasilero Gustavo Bertoche Guimaraes en un texto colgado en redes sociales, que se volvió viral en su país. Es una solicitud de autocrítica, dirigida a las izquierdas luego de su fracaso en la primera vuelta electoral.
Seis meses atrás la editorial Boitempo publicó allá el libro “A verdade vencerá: o povo sabe por que me condenam”, kilométrica entrevista hecha a Lula por varios periodistas que a la vez son historiadores y científicos sociales.
Estos dos documentos son joyas de coyuntura para comprender lo que pasará este domingo en el país latinoamericano “más grande del mundo”. El primero, producido por un intelectual izquierdista que vapulea a sus compañeros. El segundo, por el ´mandela´ brasilero, el ya mítico obrero metalúrgico y expresidente Lula da Silva.
Este líder del Partido de los Trabajadores desentraña el mecanismo que desgastó sus dos gobiernos y logró la destitución de su sucesora Dilma. Condena los movimientos de una parte de la élite económica y financiera brasilera, ligada a intereses multinacionales. Pero especifica: “nada de eso habría acontecido si no hubiera un acuerdo con los medios”.
A continuación se refiere al Instituto Millenium, fundado en 2005 como tanque de pensamiento neoliberal dedicado a crear y difundir informaciones de derecha para influir en la prensa, la opinión, las universidades y el Estado. Este integra una red de tanques similares en América Latina, con financiación internacional.
“Descubrí –continúa Lula- que el circuito para paralizar un gobierno es así: el jueves comienza la sucesión de noticias falsas, el viernes comienzan a salir cosas en internet, el sábado pasan por el Jornal Nacional (noticiero de tv más importante), el domingo van para la prensa escrita y en la noche para Fantástico (popular show en vivo de la Red Globo). Así, después de que hacen ese genocidio, perdura hasta el siguiente jueves, cuando comienza de nuevo”.
Desde otra óptica, el profesor Bertoche punza: “Bolsonaro surgió de aquí mismo, del campo de las izquierdas. Surgió de la negativa a conversar con el otro lado. Surgió de la insistencia en la acción estratégica en detrimento de la acción comunicativa, lo que nos llevó a demonizar, sin intentar comprender a los que piensan y sienten de modo diferente”.
Insiste: “El voto a Bolsonaro, no nos engañamos, no fue el voto a la derecha: fue el voto antiizquierda, el voto antisistema, el voto anticorrupción… Nos quedamos atrapados en nombres intocables, incluso cuando demostraron su falibilidad… Corrompimos los medios con anuncios de empresas estatales hasta el punto en que los medios pasaron a depender del Estado… En suma: las izquierdas envejecieron, enriquecieron y se olvidaron de sus orígenes”.
El viejo zorro de Lula quisiera zanjar esta contienda entre los dos fuegos del Brasil, con su respuesta a la pregunta de si su partido no necesitaría hacer una autocrítica: “Si uno hiciera gobierno y se autocriticara al mismo tiempo, ¿para qué la oposición? Entonces, deja la maldita crítica para que la haga la oposición”.