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Hay artistas que crearon mundos desde jóvenes, cuando la guerra era todavía niña.
Sobrevivieron a las balas de los periódicos y televisores, desde antes de que el narcotráfico cambiara carabinas por fusiles a los sucesivos grupos de matadores.
Alguno dedicó poemas ¨al hombre de cristal que atraviesa en medio de una pelea entres dos bandos de picapedreros¨. Este es Juan Manuel Roca, uno de aquellos habitantes de la guerra que de esta manera se dibuja a él y a los demás precariamente salvados entre bandos.
Otros fueron ¨héroes que vencieron todo menos el miedo¨. Como los Libélulos César e Iván Darío Álvarez, que se consagraron a títeres y muñecos e incluso se camuflaron en personajes de sí mismos, con sus barbas cónicas, sus blancas melenas adolescentes, sus sonrisas sin tregua por la calle.
En los días que corren, estos seres de risa y acusación hacen fiesta por cuarenta años de perseverar vivos y vívidos. Roca lanza un libro cumbre, de 650 páginas y un kilo, que junta poemas escritos entre 1973 y 2014. ´Roca All Stars´, se diría.
La Libélula Dorada, el mejor grupo de títeres de la galaxia como se ha dicho, ajusta cuatro décadas de vuelo. ¨¡Ocho ilustres lustros en un cielo de muñecos!¨, es el lema que ingeniaron para la fecha. En su sede reponen varias obras, sacan del cajón sapos y gusanos de espuma, y se agasajan esta noche en el Jorge Eliécer con músicos de tabernas de los años 70 y 80 cuando forjaron su dramaturgia enloquecida.
¨Silabario del camino¨, como se llama la ´biblia´ de Roca, es un impar compendio ¨total y esencial¨, en palabras de Luz Eugenia Sierra, la pertinaz editora paisa que alguna vez se prometió destronar a Carmen Balcells como suprema artífice de libros de poesía en español. Este cuadrado tomo negro hace que la historia la absuelva.
Gonzalo Rojas, fundamental poeta chileno nacido hace cien años y muerto hace cinco, confiesa en el prólogo el siguiente honor: ¨me hubiera gustado escribir muchos de sus textos. Tanta es la afinidad entre visión y lenguaje entre los dos¨. Pues bien, espiga uno entre los versos de Roca y queda frío ante sentencias capitales como esta: ¨Ni siquiera la palabra agua queda de la palabra hielo¨.
Los libélulos no les hablan únicamente a los niños. Saben que estos no acuden solos a su sala de Chapinero, entonces se dirigen a los adultos acompañantes, dispuestos a ¨aniñarse el alma¨. Apagan luces, encienden fosforescencias, ululan, ponen en flotación el universo de la infancia colectiva.
Unos y otro, libélulos y Roca, guardan en común humor y rebeldía. Incluso Iván Darío y el poeta publicaron al alimón en 2008 el ¨Diccionario anarquista de emergencia¨. Allí definen así el anarquismo: ¨pintar una escalera, subir por ella, borrar sin titubeos todos los peldaños¨.
Hoy, cuando la guerra está que muere, es justo ensalzar a estos creadores que desde arriba de la escalera animan al pueblo a repintar todos los peldaños.
arturoguerreror@gmail.com