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¿Curules a dedo para las Farc? La Fundación de León Valencia propone darles nueve en el Senado. Su subdirector, Ariel Ávila, explica que sería para restaurar a la Unión Patriótica por idéntico número de senadores que le asesinaron en la década de los ochenta.
El alboroto levantado ahora no es distinto del alboroto iniciado desde que se insinuó esta asignación directa de cupos congresionales a los próximos desmovilizados. Colombia, país del eterno retorno.
Lo que pocos recuerdan es que esta controversia ya había sido resuelta de la mejor manera posible, la del humor. Lo había hecho alguien con todos los pergaminos de credibilidad.
Alguien que ha sido ministro, senador, constituyente, alcalde de Bogotá. Que además es profesor universitario de derecho público. Alguien que pastorea a 23 mil y pido de seguidores en Twitter.
Es Jaime Castro C., y esto fue lo que trinó a finales de noviembre del año pasado: ¨Nada de curules a dedo para las Farc. Si las quieren, que las compren como lo hacen candidatos de partidos y otras organizaciones¨.
En los raquíticos caracteres admitidos por la red social, este hombre público condensó la estructura del sistema político y electoral colombiano. Se bajó de sus ilustres cargos, de la solemnidad académica, y patentó la realidad neta.
Es de agradecerle. Porque los discursos veintejulieros se empalagan con la teoría de la democracia, con la gloria inmarcesible. Y solo algunos de quienes han pisado el barro cuentan sobre el sibilino argumento de los dineros en el momento de elegir.
La política real se cocina calculando las enormidades que se deben gastar en una candidatura para que, una vez elegido el aspirante, las recupere multiplicadas en proporción geométrica merced a licitaciones, contratos, voracidad de puestos y presupuestos. Un quid pro quo, un do ut des.
En sus campañas de jolgorio para la presidencia, el ´doctor´ Clímaco Urrutia U. decía por televisión que ya tenía su plataforma política. Y explicaba: ¨sí, plataforma, que es la forma de hacer plata¨. Tal cual.
Así las cosas, el jaleo por las curules a dedo para la guerrilla es triste asomo a uno de los conflictos del posconflicto. ¿Van a entregar los fusiles para hacerse duchos en compra de votos? ¿Cambiarán la violencia por la corrupción?
Cuando el exalcalde Castro los conmina con gracia a comprar cupos en el congreso como lo hace cualquier político de oficio, los está encarando a la crueldad de las cosas como son y no como deberían ser. Les habla en prosa, no en poesía.
Cuando los investigadores de León Valencia piden para ellos nueve escaños directos, les endulzan el oído desde la vocería de un país soñado. Les hablan en poesía, no en la prosa ruda de la historia patria.
En verdad, la paz es ambas cosas. Como la vida. Es prosa y es poesía. Es polo a tierra y alas de imaginación. Las dos se requieren para no caer en angelismos ni en desesperación.
Cada ciudadano está más de un lado que del otro, según lo dicten sus genes, su cultura y lo que le quede de libre albedrío. Así se componen ¨los días que uno tras otro son la vida¨.
arturoguerreror@gmail.com