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¿Qué le agrega el director Spielberg, en The Post, a la legendaria historia de los Papeles del Pentágono sobre la guerra de Vietnam en 1971? Estos fueron el antecedente del escándalo de Watergate sucedido tres años después. Ambos casos tuvieron en primer plano a Katherine Graham, recia directora del diario de Washington.
Los Papeles enardecieron a los gringos contra la guerra en Indochina que terminó en derrota para ellos en 1975. Watergate los incendió del todo y sacó de la Presidencia a Nixon en el mismo año. Libros y películas han abundado en datos sobre este lustro emparejado con la revuelta mundial juvenil del 68. Años en que “vivimos peligrosamente”, como lo graficó en otra latitud Peter Weir para esas décadas.
Pues bien, Spielberg toma la historia de hace casi medio siglo y pone a cavilar al planeta en torno de la figura de Donald Trump. No lo hace, por supuesto, de modo explícito. Eso sería estéticamente torpe. Exhibe la artillería de fotocopias que utilizaron los periodistas contra Nixon, y monta un alegato sobre el papel de la prensa frente al poder.
Las dos esquinas de este cuadrilátero están llenas de hombres, de personajes masculinos. Pero en medio de la refriega se pasea, seda y piedra, una mujer. Nunca antes había habido una directora de periódico en Estados Unidos. Menos, una viuda con cuatro hijos, en la mitad de sus años, sin experiencia laboral ni empresarial.
De modo que en la pantalla se libran dos combates. Un diario con precariedades financieras versus el duro presidente de la primera potencia bélica y económica del mundo. Y una cuadrilla encorbatada de editores, reporteros, abogados, corredores de bolsa y jueces versus una señora de alta sociedad que adopta las decisiones cruciales ante el pasmo de todos
El director y los guionistas entrelazan los dos conflictos y consiguen un tejido a la vez político, ético, íntimo y profesional. Contrapoder, opinión pública, pasión por el oficio periodístico, secreto de fuentes, antibelicismo, feminismo naciente, pesos y contrapesos democráticos: estos son los componentes con los que el filme logra conmover.
No importa el presente bastardo, con tal de que en el pasado se haya logrado iluminar caminos. La realidad de la prensa norteamericana de hoy es distinta a la de los ases del Post. Posteriores mandatarios recurrieron al halago para acercar a los medios a sus sillas supremas.
Los llevaron a sus guerras en tanques de soldados. Les vendieron la defensa del gobierno como defensa de la patria. Los enjuiciaron cuando revelaron filtraciones WikiLeaks. Echaron a un lado el precepto de los padres fundadores a la prensa, sobre “servir no a los gobernantes sino a los gobernados”.
Hoy navegamos sobre las falsas noticias de la era Trump. Es probable que, luego de un año de enfrentamiento, los medios miren la película The Post como un llamado de oportunidad de parte del arte. Y que los espectadores recuerden con ella para qué sirven los periódicos en la desesperanzada democracia que nos queda.