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A la tierra que fueres…

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Al parecer, la diplomacia tiene protocolos especiales que pueden resultar desobligantes porque son de una sola vía.

Para empezar los presidentes de Colombia –más allá de las opiniones favorables o de las críticas que susciten- tienen merecimientos por lo que han hecho en su vida, no sólo por lo que son. En cambio, la única gracia del príncipe de Gales es ser hijo de la reina Isabel desde hace casi setenta años. Semejante gracia, como anotó la revista Semana, apenas lo convierte en un “eterno suplente”. En otras palabras el príncipe de Gales no ha hecho en la vida nada distinto a ser el príncipe de Gales. Sin embargo en Bogotá lo recibieron como si fuera sacra figura. Pero ese no es el punto.

No creo que en una visita del presidente de Colombia a Londres la manera formal para dirigirse a él sea en español, comenzando por “Señor Presidente”. Aquí, con el príncipe, había que hacerlo en inglés, comenzando por “Your Highness”. Probablemente el presidente de Colombia, cualquiera que sea, hablará inglés. Pero ese tampoco es el punto. Si “Your Highness” no habla español, para eso están los intérpretes. A la tierra que fueres…Algo de eso tiene que ver con la soberanía, y me suena que la soberanía también debe formar parte del protocolo.

Peor aún: Si sus altezas querían caminar por las instalaciones en donde se realiza el evento, ese mismo protocolo prohibía a los invitados “agolparse a su paso”. Con razón escribió María Isabel Rueda en su columna: “Si me hago muy cerca estaría rompiendo el protocolo, y si me hago muy lejos ¿para qué voy?”. En ese caso quienes no debían venir son sus altezas. Pero si lo hacen, es de buena educación que sean ellos, y no sus anfitriones, quienes procuren adaptarse. A la tierra que fueres…La buena educación también debe formar parte del protocolo diplomático.

Con motivo de la abdicación de los reyes de Bélgica, España y Holanda a favor de sus herederos, le preguntaron a la reina británica su opinión: “That is not the sort of thing we do”, repuso ella. Está en su derecho, ni más faltaba. Probablemente los tres reyes mencionados no hubieran abdicado en el caso de ser ingleses y, a lo mejor, Isabel lo hubiera hecho en caso de ser belga, española u holandesa.

Pero más allá del protocolo valdría la pena decirle a la Corona británica que aquí preferimos los pensadores a los príncipes. Aquellos ayudan a construir el futuro. Estos recuerdan las equivocaciones del pasado. Sobre los mencionados requisitos y la “reverencia de Corte” o venias e inclinaciones impuestas por el protocolo, el príncipe debería entender que para el ciudadano común son embelecos, cosas fútiles, enfadosas. Ese ciudadano colombiano también está en su derecho de pensar así. Y, como Isabel, de proclamarlo. Claro, en español: “Ese no es el tipo de cosa que nos gusta a nosotros”.

*Ex senador, profesor universitario, @inefable

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