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El candidato presidencial Antanas Mockus –cuyas posibilidades presidenciales crecen según las encuestas- ha dicho que cree en la democracia deliberativa.
Él sabe que tal cosa supone definir procedimientos para construir consensos a base de argumentación. Y también sabe que esa es la única forma de lograr acuerdos mínimos para construir “el país en que quepamos todos”.
El siglo xxi trajo consigo un desplazamiento de las ideologías holísticas a las prácticas democráticas. Cambió el dogma por el debate, el enfrentamiento por la polémica, la confrontación por el diálogo. En otras palabras la guerra por la política. Por supuesto, subsiste aún la rigidez decimonónica –que sobrevivió por casi todo el siglo xx- en virtud de la cual se sobreideologizó la política.
Algumps siguen privilegiando la guerra fría y la paz simulada sobre la convivencia pacífica. Pero el espacio para que la política funcione como substituto de la fuerza es cada día más importante. O más necesario si es que, realmente, hemos avanzado hacia territorios de civilización. Inclusive el uso de la fuerza ha de ser producto de una deliberación capaz de lograr acuerdos mayoritarios para legitimar ese ejercicio.
Los colombianos suscribieron el pacto político y social contenido en la Constitución del 91, pero no se comprometieron con el ejercicio de una pedagogía adecuada para consolidarlo. La democracia es una conquista cotidiana. Cuando la sociedad se polariza es preciso reconstruir el consenso social. Toda comunidad necesita acuerdos mínimos, a partir de los cuales pueda ventilar sus desacuerdos.
Los demócratas tienen la obligación de construir y defender un consenso básico, susceptible de ampliación a través del debate democrático. Pero cuando el que piensa distinto no es un adversario para persuadir sino un enemigo para derrotar, el debate se degrada, la democracia se pervierte y la guerra, convertida en otra forma de hacer política, aparece con la inmensa capacidad destructiva de su lógica diabólica.
El país necesita obtener acuerdos en torno a temas de estado, para que pueda debatir sin riesgo de violencia las diferencias naturales que surjan en torno a los temas de gobierno. Con actitud propositiva y creadora, sustentada en principios democráticos, animada por la controversia política pero desprovista de agravios de naturaleza personal.
La condena a la lucha armada, la defensa del Estado social de derecho, la recuperación de la economía social de mercado, la transparencia del sistema electoral, el alcance de la autonomía territorial son, por vía de ejemplo, algunos de los temas de estado en torno a los cuales debe recuperarse, en forma explícita, el consenso de los colombianos.
Para eso sirve la democracia deliberativa. Y sería oportuno plantearlo debidamente en una campaña presidencial que, gracias a los tres tenores y a Mockus en particular, está recuperando niveles de decencia y de credibilidad políticas. Eso habría de traducirse en participación ciudadana y en esperanza colectiva. Espero que sea así.
*Ex senador, profesor universitario