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Siguiendo una vieja costumbre norteamericana, George Bush publicó recientemente sus memorias. Algunos se preguntan si las escribió el ex presidente o se las escribieron. Pero casi todos coinciden en que, más bien, parecen ser sus olvidos.
No he tenido en mis manos ‘Decision points’, como se titula el libro. Pero aquí en Europa los analistas coinciden en que está escrito con arrogancia, con envanecimiento, con soberbia. Con la certeza que sólo es posible en los adolescentes que aún no conocen la vida y en los adultos que carecen de responsabilidad o de formación intelectual. Estos son tiempos de grandes revisiones en todos los órdenes y -por eso mismo- impropios para afirmaciones rotundas.
Según informe del diario ‘El País’ de Madrid, registrado también por ‘El Espectador’, en carta a su padre, Bush le comunica que dio la orden de ejecutar la "operación libertad iraquí". Luego se atreve a decirle: "Sé que he hecho lo correcto…Irak será libre, el mundo será un lugar más seguro…". Semejante afirmación sólo es posible en medio de la perfidia o de la ignorancia. En efecto, hoy los hechos muestran que ni Irak es libre, ni el mundo es más seguro.
En cambio Estados Unidos, Inglaterra y España -pilares del pacto de las Azores- se convirtieron en las principales víctimas del terrorismo de los fundamentalistas islámicos. Ese terrorismo funciona con una lógica diabólica que no conoce límites. Pero fue aupado por la torpeza de Bush, cuya gestión hizo retroceder la política varias décadas. Definitivamente la guerra es la solución que se deriva del hecho de que los dirigentes no tengan ni idea de cómo gobernar.
Sus resultados son dramáticos: En primer lugar las víctimas no son quienes la ordenan sino quienes la soportan: los japoneses de 1945 y no Truman; los tibetanos de 1950 y no Mao; los vietnamitas de 1964 y no Johnson; los iraquíes en 2003 y no Bush. La otra gran víctima de la guerra es la verdad histórica. A ello contribuyen relatos como este de Bush, que no se hacen para que la posteridad recuerde la historia sino para que la olvide.
Por el contrario, es estimulante la lectura del libro del ex presidente del gobierno español Felipe González. Está escrito con sensatez, con optimismo, con prudencia. Con la responsabilidad intelectual de quien tiene dudas, pero el convencimiento de que a base de imaginación reflexiva y creadora se pueden construir opciones políticas esperanzadoras. ‘Mi idea de Europa’, como se titula el libro, no da recetas. Más bien, formula inquietudes.
¿Es Europa un museo o un laboratorio? Se pregunta González. Claro que es un museo y tiene razones históricas para serlo. Pero ¿se va a resignar a esa condición, que dá fe de la grandeza de su pasado, o se va a enfrentar a sus desafíos del presente para encarar el porvenir? Felipe González reflexiona con lucidez y estimula una "osadía de la esperanza" que permita convertir a Europa en un laboratorio del futuro.
A diferencia de Bush -que se regocija con la idea de la unilateralidad norteamericana- González registra sin pesadumbre cómo "los asiáticos creen que el futuro es suyo y van a por él", cómo América latina, por primera vez, aumentó su confianza en el futuro, y cómo la misma África, con creciente inversión extranjera, podría estar comenzando a construir su sitio en la historia.
Pero además pone de presente las paradojas de Europa como gestora de un proyecto común, frente a los distintos intereses nacionales que, más que los ciudadanos, defienden los dirigentes nacionales. Naturalmente, con el pretexto de que "eso no lo van a consentir los ciudadanos, ni interesa a mi país". Otra vez, la representación política suplantando a la opinión pública.
El libro recupera textos no recientes pero resume la visión del ex presidente español sobre los tiempos que corren. Es un convencido europeísta pero también -y quizás por lo mismo- un hombre consciente y complacido de vivir en un mundo plural, cuya idea de futuro descansa en la necesidad de la participación para la legitimidad y del consenso para la gobernanza.
Mientras Bush lideró un grupo de gobiernos que se comprometió con la aventura de la guerra, cuyo resultado fue convertir al mundo en un lugar más inseguro, González encabezó el ‘grupo de sabios’ para un diagnóstico de Europa, cuyas reflexiones buscan hacer del mundo un lugar más esperanzador. Puede sonar esquemático y simplista, pero a juzgar por estos dos libros, la preocupación de los gringos es el poder, mientras la de los europeos son las ideas.
*Ex senador, profesor universitario atm@cidan.net