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La misma lección

Augusto Trujillo Muñoz
19 de septiembre de 2013 – 06:00 p. m.

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A propósito del golpe militar contra el presidente Allende, recordé en mi columna anterior un texto del ex presidente Ricardo Lagos: la gran lección del siglo xx supone privilegiar lo complementario sobre lo antagónico, es decir, construir consensos.

Ahora lo pone de presente también el presidente Vladimir Putin, a propósito de los anuncios de acción militar de los Estados Unidos contra Siria. En una carta abierta dirigida al pueblo norteamericano, el jefe de estado ruso recuerda los enfrentamientos de la guerra fría y la razón de ser de las Naciones Unidas y de su Consejo de Seguridad: “Las decisiones que afecten la guerra y la paz deben ser producto del consenso”. 

Ni Rusia ni su actual presidente se han distinguido históricamente por  desempeñarse bien en materia de prácticas democráticas. Sin embargo ahora aparecen dando lecciones de tolerancia y reclamando el entendimiento para evitar una empresa bélica. Más allá –o más acá- de la guerra fría rusos y gringos neutralizaron las experiencias democráticas que no se acomodaban a sus dinámicas de grandes potencias. Y solían hacerlo por la fuerza. Pero el presidente Obama era, tal vez, el único de los jefes de estado norteamericano que no podía dejarse percibir ante el mundo como proclive a la amenaza unilateral para comenzar una guerra.

Alguien podrá decir que Putin carece de autoridad moral para decirlo, pero eso no hace menos evidentes sus afirmaciones: Es alarmante que la intervención militar en los conflictos internos de otros países se esté convirtiendo en práctica común para los Estados Unidos, dice el presidente ruso. La fuerza ha demostrado ser inútil, agrega. Afganistán no supera sus conflictos y nadie puede predecir lo que pasará después de que las fuerzas internacionales se retiren. Libia se divide en tribus y clanes. En Irak la guerra civil continúa, con decenas de muertos.

Semejantes afirmaciones, claramente constatables, deberían bastar para que los Estados Unidos rectificaran su política de intervencionismo bélico unilateral. No es sólo en nuestra América. Tampoco los norteamericanos han aprendido la gran lección del siglo xx. Ni siquiera aprenden de sus errores cometidos recientemente. El mundo se pregunta, insiste Putin, en que si no se tiene confianza en el derecho internacional, cada país encontrará sus propias formas para garantizar su seguridad y, probablemente, ninguna será jurídica. Eso significa privilegiar lo antagónico sobre lo complementario.

Es el heredero de dos culturas autoritarias –la zarista y la proletaria- quien dice que es preciso dejar de lado el lenguaje de la fuerza y volver a la senda de la diplomacia civilizada y del acuerdo político. Y se lo dice a un hombre como Barack Obama, que se formó a puro pulso, superando muchas dificultades, porque creyó en la democracia que subyace bajo la idea del sueño americano. Es increíble.

*@inefable1, atm@cidan.net

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