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Los alcaldes

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El domingo elegiremos los alcaldes que van a participar en la construcción de la paz.

La paz es un fenómeno local/regional. Las autoridades municipales tendrán ponderosa responsabilidad en lo que ocurra a partir del día después de la firma de los acuerdos de La Habana. Los habitantes de nuestras ciudades no sienten el peso cotidiano de la guerra —porque su escenario no ha sido urbano sino rural— pero sí son víctimas de sus efectos perversos y de su infinita capacidad de reproducción.

La democracia local es fundamentalmente deliberativa y se funda en la participación ciudadana. Por eso es la más legítima de todas las democracias. En los municipios cada hombre y cada mujer tiene una cuota de poder intransmisible a la cual no puede renunciar impunemente. Como no puede renunciar al ejercicio del control que conlleva el voto cuando se otorga un mandato político.

La degradación del sistema electoral, la cooptación de las corporaciones públicas, la corrupción administrativa, la indolencia dirigente y la misma indiferencia ciudadana pueden tener un principio correctivo si cada vecino se preocupa por ejercer bien su cuota de poder. El alcalde es la primera autoridad municipal. Y el municipio es la entidad fundamental del Estado.

En ese marco, las responsabilidades cívicas de cada colombiano suponen mirar hacia el candidato cuyo programa, cuya experiencia y cuya personalidad se alineen en torno a dos ideas macro: construir un auténtico gobierno de proximidad con la gente, de manera que la idea de consenso obre a favor de una integración de la sociedad local hacia adentro; y capacidad de ejercer un liderazgo bastante para proyectar esa sociedad local hacia afuera y convertirla en protagonista de una nueva política.

Los alcaldes deben tener sentido gerencial, pero también clara conciencia de su inmensa responsabilidad política. Sobre todo ahora que el país se dirige hacia un proceso —largo y complejo— de construcción de paz y aclimatación de convivencia. Tales criterios deben estar presentes en cada colombiano para tomar su decisión, sin perjuicio de dejar a salvo sus intereses más inmediatos con el voto por su candidato al Concejo.

Más allá de sus aciertos y de sus errores, las conversaciones de La Habana se han adelantado —como debe ser— entre los voceros del Gobierno y los de la guerrilla. Pero el manejo del postconflicto es un problema de todos los colombianos. El propio alto comisionado para la paz —en una conferencia dictada recientemente en la Universidad de Harvard— se refirió ampliamente a la importancia de lo que llamó la paz territorial.

El conflicto ha afectado más a unos territorios que a otros, pero en cada municipio se necesita una actitud ciudadana dispuesta a reconocer espacios en que quepamos todos. La paz es territorial o no es. Esta es la primera vez, en mucho tiempo, que la elección del alcalde resulta de semejante trascendencia histórica: Tiene que ver tanto con el desarrollo local como con un nuevo proyecto de construcción colectiva de país.

*Exsenador, profesor universitario.

@inefable1

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