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En una sociedad como la nuestra –heterogénea, desigual, excluyente- la conducta asumida por los ex alcaldes de Bogotá, Garzón, Mockus y Peñalosa, equivale a una verdadera lección de democracia.
Contradictores entre sí y aspirantes a la presidencia de la república, pusieron la suerte de sus candidaturas en manos de los ciudadanos.
Su gran mérito consiste en que, en medio de la polarización nacional, están invitando al diálogo, al debate, al consenso. Dejaron atrás sus diferencias y asumieron la política como el arte de lo posible. Escaparon de la vieja trampa de “lo ideológico” para fortalecerse en el nuevo espacio de “lo democrático”.
Garzón, Mockus y Peñalosa son personas bien distintas. Tienen su propia visión del mundo y representan intereses tan diversos como legítimos. Por esa misma razón defienden el pluralismo y la amplia deliberación pública. Están demostrando que las diferencias se pueden tramitar privilegiando el acuerdo sobre la confrontación.
Mientras otros –anclados en el siglo xx- se niegan a reconocer que la actividad pública ya no es enfrentamiento agresivo entre verdades sino debate civilizado entre opiniones, los tres ex alcaldes –como ciudadanos del siglo xxi- entendieron la política tiene una dimensión consensual que gira en torno a la construcción de unos acuerdos básicos.
Los “tres tenores”, como se ha dado en llamarles, saben que la tensión entre derecha e izquierda es propia de un escenario envejecido de teorías que ya hoy no se corresponde con las realidades sociales, económicas, espirituales de la vida ciudadana. Es un debate anacrónico que conservatiza las ideas y dogmatiza la política.
La democracia no es un status por alcanzar sino una conquista cotidiana. Riñe con el espíritu autoritario que impide el acceso de la gente a la toma de decisiones, pero también con el espíritu revolucionario cuya visión de sociedad homogénea rechaza la idea de lo plural y se niega a aceptar consensos en medio de las diferencias.
En el siglo pasado la democracia era una ideología: Había democracias liberales y democracias socialistas. Los defensores de unas y otras no eran adversarios entre sí, sino enemigos. En cambio hoy es –tiene que ser- una cultura que se aclimate en medio de la pluralidad social, para que ayude a construir “el país en que quepamos todos”.
Sólo habrá democracia auténtica cuando los ciudadanos, más allá de sus opiniones doctrinarias y políticas, o de sus legítimos intereses materiales y espirituales, sean capaces de entenderse a base de procedimientos elaborados dentro del derecho, es decir, a partir de acuerdos básicos compartidos por los miembros de cada comunidad.
La sociedad colombiana tiene mucho que ganar o mucho que perder según las decisiones políticas que tome. Por eso requiere una pedagogía capaz de propiciar esa nueva cultura política. Tal es la pedagogía de Garzón, Mockus y Peñalosa. En unión del ex gobernador Jorge Londoño se han convertido en un equipo que promueve auténticamente unas políticas de cambio. Los otros –desde el conservatismo hasta el polo- sólo ofrecen más de lo mismo.
*Ex senador, profesor universitario,