Memoria y futuro

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La Fundación Musical de Colombia; su presidenta, Doris Morera de Castro, y su empoderado equipo directivo y ejecutor mantienen encendida la llama nutricia de una vocación que hace de Ibagué, justamente, la ciudad musical de Colombia.

Este miércoles 20 de marzo se realizó, en el Teatro Tolima, el concierto inaugural de la versión número 33 del Festival de Duetos, con el cual los habitantes de Ibagué enseñan su propia tradición y rinden homenaje a la memoria de Garzón y Collazos, el dueto insignia de una cultura musical que los hijos del Tolima grande guardan en el alma.

Visitar Ibagué por estos días y refundirse con su gente, mientras en las tarimas de sus parques y plazas se escucha la voz de los duetos y, a petición de estos, todo el mundo canta, es un espectáculo para el sentimiento. La música andina colombiana que Garzón y Collazos recogieron desde cuando eran estudiantes del Conservatorio de Ibagué, hace casi 100 años, es al mismo tiempo talento y emoción.

El Bunde del maestro Castilla, Mariquiteña de Milciades Garavito, La sombrerera chaparraluna, son poemas proyectados sobre el pentagrama, que invaden el aire en múltiples voces y expresan identidad tolimense. La poesía está unida al canto. Alguna vez le oí decir al poeta Camacho Ramírez que música y poesía expresan una sola sustancia. La poesía no solo es lenguaje, también es música. Y la música exige el verso.

La lírica griega nació y vivió unida a la música. Probablemente fue así en las más evolucionadas culturas precolombinas. En todo caso, es así en el Tolima. Si usted viene a Ibagué durante estos días encontrará que la relación entre poesía y música es un misterio, que solo se resuelve con otro misterio: la simbiosis entre música y poesía. Y usted lo descubre, simplemente, oyendo cantar, porque quienes cantan “llevan en el alma un río y una montaña en el corazón”.

Los tiempos del racionalismo a ultranza, traídos consigo por la Modernidad, disecaron la conjunción entre poesía y música. El célebre Siglo de las Luces aportó también al mundo su cuota de oscuridad. Se revela en la frase de Hegel: “Todo lo real es racional y todo lo racional es real”.

Semejante separación entre el espíritu y la naturaleza desembocó en una dictadura: la dictadura de la razón. La dictadura del pensamiento moderno que montó fronteras artificiales en la geografía, pero desconoció las únicas fronteras que tienen sentido: las fronteras culturales. Por fortuna todo cambió con el surgimiento del romanticismo, cuyo valor fue rescatar, para bien, lo que de no racional tiene el hombre.

El maestro Echandía definió sabiamente el romanticismo: “Es la rebelión contra el intelectualismo filosófico, el primado de la fantasía sobre las reglas y el predominio del factor local, que permite resucitar integralmente la vida pretérita”. En otras palabras, es la orgullosa expresión de una identidad que no se piensa, pero que se siente y que los tolimenses expresan a través de su festival de la música.

Por estos días, en Ibagué, el aire que se respira huele distinto.

@Inefable1

* Exsenador, profesor universitario.

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