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Pensar con las ganas

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Este mundo plural superó la dicotomía binaria derecha-izquierda, propia del siglo anterior. Pero aceptemos que una y otra subsisten como categorías analíticas.

 En ese marco hay quienes insisten en la idea de que la izquierda democrática acuerde un programa mínimo de unidad en torno a un tercer candidato presidencial, capaz de superar la dicotomía guerra-paz, esa sí vigente y convertida en eje del debate. Con un programa de cambio, agregan, estaría en condiciones de derrotar a Zuluaga y enfrentar a Santos en la segunda vuelta electoral. Me temo que eso es pensar con las ganas.

Las elecciones presidenciales van a estar signadas por el tema de la paz. Es inevitable. El proceso llegó a un punto de no retorno que, además, recibió el respaldo –político y económico- del gobierno norteamericano. La frase del presidente Obama es clara y contundente: “el paso hacia la paz fue el correcto”.

Las conversaciones de la Habana son de carácter político. Allí no se definirán reformas puntuales que, por lo demás, han de adoptarse en otras instancias. No se va a debatir sobre el Estado de Derecho, ni sobre el modelo económico. Incluso algunas propuestas de las “Farc” demandan la aplicación de normas jurídicas contenidas en leyes vigentes.

El país no estuvo antes tan cerca de la paz como posibilidad política, ni había tenido un jefe de Estado que lograra conectar los trazos de un mapa de posibilidades hacia el post-conflicto, como la ha hecho Santos con las “Farc”. Ese es un logro parcial, pero tan importante que no puede dilapidarse. La paz tiene que ser una política de estado y un propósito común de todos los colombianos.

Hasta ahora, en la izquierda, sólo Piedad Córdoba entendió que la reelección de Santos garantiza la continuidad del proceso, y que rodearlo en ese objetivo no supone hipotecar la independencia crítica. El proceso de la Habana ha construido vasos comunicantes entre los negociadores, puentes de doble vía, confianza entre las dos partes que las aproximan y desatan nuevas dinámicas propicias para avanzar hacia nuevos acuerdos.

El mejor aporte que la izquierda democrática podría hacerle al país sería respaldar a Santos en su política de paz y centrarse en una campaña por la recuperación del Congreso. Los miembros de las Cámaras legislativas deben tener capacidad crítica, manejo dialéctico, experiencia política. Sólo así se rescata el Congreso. De otra manera se agudizará su crisis, con más efectos negativos para la democracia.

Esta es la coyuntura de la paz. Pero también puede ser la de recuperar para el Congreso no sólo su prestigio institucional sino las facultades que ha resignado a favor de un presidencialismo extremoso y de un activismo judicial que está llegando al peligroso escenario de legislar en sus providencias.

Esa debería ser la preocupación básica de los partidos y movimientos políticos, de los demócratas, del país nacional. No es el momento de pensar con las ganas, ni con las vísceras, ni con los intereses. Sin perjuicio de otros desacuerdos, hay que apostarle hoy a la paz como política para que mañana el país pueda vivir la paz como cultura.

*Ex senador y profesor universitario, @inefable1

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