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Philip Stephens es uno de los analistas más prestigiosos del ‘Financial Times’. A propósito de la honda crisis económica que vive la Gran Bretaña, se atrevió a decir: “No se me ocurre una política más popular que fusilar a los banqueros y nacionalizar los bancos”.
Stephen estaba haciendo una caricatura, por supuesto, pero también quería servir de caja de resonancia a una creciente preocupación de los británicos, que ven cómo se desploman su economía, su sistema financiero, su moneda y, hasta su liderazgo espiritual. Pero tal sentimiento va más allá de la Gran Bretaña, incluso más allá de Europa, y afecta a todos los que defendieron la libertad del mercado como política económica.
La crisis es tan grave que, ahora, hasta los más liberales aceptan la necesidad de intervenir los mercados y de controlar la especulación financiera. ¿Significa eso una vuelta al pasado? Sí y no. El mundo capitalista aprovechó el colapso de socialismo real para universalizar sus recetas clásicas, pero el Estado social de derecho fue incapaz de garantizar la vigencia de una economía social de mercado como alternativa después del colapso.
En Colombia no hemos visto, en toda su dimensión, el dramático rostro de la crisis. Sin embargo es bueno prepararse y aprovechar experiencias que han permitido el crecimiento de la economía con mejoramiento de la calidad de vida y desarrollo social. Al menos en teoría –pues nunca ha gozado de cabal funcionamiento- en eso consiste y ese es el sentido del sistema cooperativo.
Me surgen estas reflexiones a propósito de una solicitud que, a finales del año pasado, le expresaron las Cámaras de Comercio del Tolima al Gobierno Nacional: Reactivar una caja cooperativa de ahorro y crédito social, ampliamente conocida en la región, denominada ‘Cooperamos’, que llegó a ser, en su momento, una de las primeras cooperativas del país y, probablemente, la empresa más grande de los tolimenses.
Ibagué es actualmente la ciudad con la cifra de desempleo más alto de Colombia. El Tolima registra índices de crecimiento poblacional negativo, en la mayoría de sus municipios. Situado en pleno centro del país y a pocas horas de su capital, tiene unos niveles de seguridad muy bajos. En el sur del Tolima y en casi toda su ladera occidental los grupos armados ilegales se convirtieron en parte de su paisaje cotidiano.
Hay, por supuesto, responsabilidades dirigentes, tanto del sector público como del sector privado de la región. Sin embargo la acción del gobierno nacional resulta clave. Como en la frase de Churchill todos somos responsables de todos. El Tolima necesita impulso social y económico, pero también desarrollo espiritual. Ese ha sido uno de sus grandes activos históricos y el estímulo al sector solidario es propicio para recuperarlo.
‘Cooperamos’ se encuentra actualmente en liquidación, pero tiene 68 mil asociados, un patrimonio de seis mil millones de pesos y una recuperación del capital equivalente al 24 por ciento. Vale la pena mirar hacia lo que fueron sus logros de hace sólo pocos lustros y rescatar la dinámica de sus mejores realizaciones. Además del ahorro privado y del crédito social, estimuló la cultura, el periodismo, el deporte, es decir, el desarrollo espiritual.
Las Cámaras de Comercio recurrieron al jefe del Estado y a la estirpe tolimense del ministro del medio ambiente. Hay un decreto reglamentario de la Ley sobre cooperativismo (el D-4030/06) que impide a los asociados de ‘Cooperamos’ reactivar la cooperativa. Las normas no son para estrangular sino para impulsar los procesos de desarrollo. En casos como este, Philip Stephen, el arriba mencionado asesor del ‘Financial Times’, descubriría que una política para recuperar el sector cooperativo, puede ser más popular que una política para fusilar banqueros y nacionalizar bancos.
Ex senador, profesor universitario.