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El pasado lunes, Ibagué rindió tributo a uno de sus mejores hijos. La Fundación Musical de Colombia, con el apoyo de la gobernación del Tolima, la alcaldía de Ibagué y las dos universidades regionales, enalteció la vida del maestro Darío Ortiz Robledo, en acto que tuvo lugar dentro del marco del xxxii Festival Nacional de la Música Colombiana.
Conozco al maestro Darío desde siempre. Fui devoto amigo de su padre, cuya memoria enaltece a nuestra tierra, y lo soy de su madre y de toda su familia. Mis padres tuvieron amistad con sus abuelos, cuya estirpe hunde su raíz en Chaparral y se confunde con lo mejor de su inteligencia.
Su abuelo, Severiano Ortiz Nieto, fue un condotiero de la paz con las guerrillas del sur del Tolima, en los albores del Frente Nacional. Por encargo de Alberto Lleras y de Darío Echandía, un equipo compuesto por Rafael Parga Cortés, Severiano Ortiz Nieto e Ismael Castilla Alvira, adelantó las primeras gestiones tendientes a neutralizar el fenómeno de la Violencia de la mitad del siglo xx.
Darío Ortiz Vidales, su padre, fue un brillante jurista a quien el derecho penal no le impidió transitar, con éxito, por los arduos caminos de la política, y por los no menos complejos de la historiografía. Como miembro del Congreso Nacional presentó, en compañía de su colega cartagenero Simón Bossa López, el primer proyecto de ley que se conoce para avanzar hacia acuerdos de paz con la guerrilla del M-19. Corría el año de 1978. Como historiador escribió un enjundioso ensayo sobre el polémico general José María Melo, uno de los militares por antonomasia en la Colombia del siglo xix.
Darío Ortiz Robledo nació en Ibagué y se formó en el ámbito del pensamiento crítico. Mientras daba sus primeros pasos, su padre y sus amigos más cercanos se comprometían con la concepción social del Derecho y del Estado, inspirada por el viejo López y por el maestro Echandía, los grandes representantes de una escuela de pensamiento que modernizó a Colombia en la década de los años treinta, y que sus paisanos solemos denominar “La Escuela del Tolima”.
En ese escenario Darío aprendió a pintar, a escribir, a pensar. Puede ser una especie de símbolo contemporáneo del más importante de los activos con que cuenta su región, que es el activo espiritual. Consciente de eso Doris Morera de Castro personificó en él nuestros mejores valores humanos y Carlos Orlando Pardo exaltó su alma cosmopolita, como que ella integra el cosmos y la polis. Vive en ciudad de México pero tiene su corazón en el Tolima y su mente en los cuatro puntos cardinales del planeta. Darío es un hombre universal.
* Exsenador, profesor universitario. @inefable1