Publicidad

Víctima de la globalización

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El profesor norteamericano James D. Henderson es uno de los especialistas mejor equipados para analizar la historia de Colombia.

Su idoneidad académica es factor suficiente para afirmarlo pero, además, su condición de extranjero lo sitúa por encima de las pasiones que suelen animar a los colombianos frente a su propia historia. Conoce bien a Colombia por haber vivido en algunas de las regiones con índices más altos de violencia, como testigo de sus complejos desarrollos. Su último libro “Víctima de la globalización” da cuenta de la forma en que el narcotráfico destruyó los grandes avances del país en materia de civilización política.

Los colombianos tienen conciencia de lo que ha sido su agitado suceso institucional. Sin embargo, desdibujan los períodos históricos que privilegiaron la política sobre la guerra. Recuerdan las múltiples confrontaciones armadas del siglo xix, pero olvidan que el movimiento del 20 de julio de 1810 fue una jornada eminentemente civil cuyo significado, más que el del día de la independencia, es el del día de la constitución.

Dicha jornada tuvo el alcance de una revolución gigantesca. Suscribió el principio del control al poder con lo cual imprimió nuevo rumbo a la historia y convirtió a la Nueva Granada en sede de la primera constitución que se redactó en idioma español. En otras palabras, Colombia nació en medio del derecho. Sin embargo aquel período pasó a la historia oficial como “la patria boba”, cuando debe llamarse “la primera república”.

Algo similar ocurrió en el siglo xx. La violencia política del medio siglo y las múltiples violencias ulteriores son fenómenos que signan la centuria. Pero ese relato olvida los logros institucionales del republicanismo en 1910 o el papel histórico de la generación del centenario, a la cual se debe la consolidación de nuestra vocación civil, e incluso el sentimiento socialista que recorrió buena parte de la primera mitad del siglo e hizo posible reformas sociales y una legislación en defensa de los trabajadores.

La ausencia de los estudios históricos en la educación de nuestros jóvenes neutraliza la importancia de tales sucesos, cuya memoria debería convertirse en referencia de lo que ha de ser la historia como presente. Deja espacio a una suerte de historia mediática que le da más importancia al espectáculo que al análisis y estimula la opinión de quienes señalan a los colombianos como violentos y corruptos.

Henderson rechaza semejante visión. Sostiene que Colombia libra una especie de guerra ajena en la cual se comprometió, por presiones ajenas, a combatir un fenómeno ajeno. En efecto la lucha contra el narcotráfico no debió comenzar por los centros de producción sino por los de consumo. Pero era más cómodo para éstos desatar la guerra lejos de su territorio y desplazar hacia otros las responsabilidades y las culpas.

“Víctima de la globalización” es un libro sobrecogedor que aparece cuando el país oscila entre el conflicto y la recuperación de la confianza en sí mismo. Por desgracia vive un fenómeno de polarización al cual no es ajena cierta dosis de irresponsabilidad dirigente. Pero si mantiene, como dice Henderson, su tendencia actual y logra ingresar al club de los “pesos pesados” de la región, estaría en condiciones de aclimatar entre los ciudadanos la idea de que su futuro puede ser mejor que el presente.

Ex senador, profesor universitario, atm@cidan.net

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido