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Vidas paralelas

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Manuel Murillo Toro y Alfonso López Pumarejo vinieron al mundo en el mes de enero.

Murillo nació el primer día del mes y López el último. Aquel el 1º de enero en Chaparral y éste el 31, en Honda. Murillo en 1816 y López en 1886. Ambos fueron hombres de su época, ocuparon la Presidencia de la República en dos oportunidades y pasaron a la historia como líderes de grandes reformas. Pertenecieron al liberalismo colombiano y, los dos, nacieron en el Tolima. Este año se cumple el bicentenario del nacimiento de Murillo y 130 años del nacimiento de López. Son dos aniversarios memorables que es preciso recordar en el país actual, enredado en un escabroso itinerario de polarización y de contradicciones.

La revolución del telégrafo, la descentralización fiscal, la liberación de los esclavos, la abolición del cadalso, la modernización del país fueron producto de la gestión creadora de Murillo Toro como hombre de Estado. En la Constitución de la Nueva Granada de 1853 se resume su pensamiento. La ley de tierras, la función social de la propiedad, la reforma electoral, la nueva Universidad Nacional, la modernización del país fueron producto de la gestión creadora de Alfonso López como hombre de Estado. En la reforma constitucional de 1936 se resume su pensamiento.

La historia recuerda cómo, en 1850, se conformó en Bogotá la “Escuela Republicana” bajo la inspiración de Murillo Toro. José María Samper, Francisco Eustaquio Álvarez, Rojas Garrido, y Aníbal Galindo fueron algunos de sus miembros. Los más ilustres de ellos, elegidos congresistas, lograron tres años después la aprobación de una Carta Política que, por desgracia, colapsó en el golpe militar de 1854. Su texto estableció la autonomía municipal y formuló su equilibrio con la unidad política nacional.

80 años después, en el marco de la República Liberal, se dio inicio al gobierno de la “revolución en marcha”. Como su líder, López integró el equipo político más lúcido de la historia colombiana del siglo XX. Sin proponérselo –y, de seguro, sin saberlo- López, Echandía, Carlos Lozano y Lozano, Antonio Rocha, Caicedo Castilla, Camacho Angarita, Parga Cortés, entre otros, conformaron una auténtica escuela de pensamiento: La “Escuela del Tolima”, que inspiró la reforma constitucional de 1936 y se convirtió en precursora de la concepción social del Derecho y del Estado en Colombia.

Ambas cosas, la autonomía territorial y la concepción social del derecho, fueron producto de una elaboración conceptual seria y responsable, que aún hoy sigue vigente. Recogidas por la Constitución del 91, han venido desapareciendo por ausencia de desarrollos o por desarrollos regresivos de la ley y de la jurisprudencia, pero también por las contrarreformas que ha sufrido su texto original. Cuando se defiende la Carta Política vigente hoy, ya no se está defendiendo la adoptada por el Constituyente del 91.

El presidente Rafael Núñez y el presidente Alberto Lleras llevaron la palabra en el sepelio de cada uno de los dos estadistas de insignes vidas paralelas. Coincidieron en que su legado suponía trabajar a favor de la evolución que se inició con su presencia. En medio de la falta de futuro que hoy agobia a los colombianos, es necesario acudir a su ejemplo de vida para tratar de encender una luz que nos señale hacia el final del túnel.

*Ex senador, profesor universitario, @inefable1

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