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No pude escribir la columna del martes pasado en El Espectador porque estaba con dolencias físicas. No quise dejar pasar la arremetida del periodismo radial de Caracol al candidato del programa “Colombia Humana”. Me dediqué pues con atención a escuchar unas 20 entrevistas del candidato de la Colombia Humana y del candidato profesor de los verdes, Sergio Fajardo. Además de haber asistido a dos plazas públicas a escuchar a Gustavo Petro.
En su momento dije que aquel discurso oído en Floridablanca, Santander, me pareció una cátedra magistral, una conferencia en donde analizaba a nuestro distópico país y planteaba las utopías básicas que han sido posibles en otros lares. Una conferencia en la que el candidato explicó, comparó, contextualizó, expuso antecedentes, ejemplificó sobre cada punto de su programa (¡ah, la bondad del ejemplo en la enseñanza!).
Además, interpelaba con interrogantes a los presentes para llevarlos a inferir: “¿El cerebro de un negro es distinto al de un blanco?”. “Nooo”, coreaba la multitud. “¿El cerebro de un desposeído es diferente al de un multimillonario?”. “Nooo”, se repetía en la plaza. “¿El cerebro de una mujer es distinto al de un hombre?”. “Nooo”, se escuchaba nuevamente. “¿El cerebro de Duque es distinto al cerebro de Petro?”. La multitud gritó entonces: “Síííí”. Pero el candidato los corrige: “No es diferente —risas— no es diferente, lo diferente es la construcción cultural en que se han desarrollado; lo diferente son los contextos desiguales e infames en los que para unos educarse, trabajar, comer es un privilegio y para los otros un derecho”.
No me subestimó (tampoco a la señora de la plaza que estaba a mi lado, ni a los estudiantes, ni a los señores campesinos que cada tanto lo interrumpían) porque citaba poetas, filósofos, políticos. Interpelaba a quien gritaba alguna sandez revanchista, por ejemplo, cuando los asistentes coreaban el popular estribillo: “Uribe, paraco, el pueblo está verraco”. “No, no, déjense de eso, nosotros no somos como ellos, nosotros vamos hacia una era de paz”, instaba a quienes en mitad de su exposición interrumpían. Un profesor teso en conocimientos y carácter, me dije.
No me sucede eso con Sergio Fajardo, a quien su campaña vende como un profesor. Lo oigo, y veo que en él prolifera ese temor, esa ausencia de contundencia propia de quien no tiene claros los conceptos. La muletilla-lema “Se puede” es su argumento bandera, como en la Costa lo es el “Porque ajá”. Y anoche Diana Calderón (a quien el profesor Petro corrigió y le enseñó precisión semántica, economía e historia y geografía nacional) puso en cuestión al Dr. Fajardo: Es un profesor, pero desconoce los acuerdos hechos entre Fecode y el Ministerio de Educación en el pasado paro nacional de profesores. Es cierto, el candidato no tiene que ser experto en todo, pero si es el aspirante a la Presidencia cuyo eje central es la educación, mínimamente debió estar al tanto de este aspecto. Su vicepresidenta, Claudia López, debería estar más atenta a asesorarlo, en lugar de estar trinando contra el profesor Petro, cual si fuera jefa de campaña de la derecha. Una no sabe qué nos depara la segunda vuelta.