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Para que vean cómo es el machismo: se le cree más a un Ñeñe muerto que a una Aida viva. Se diría: por fortuna la corrupción es el campo de acción también para los hombres, pero no, este gobierno obsoleto de Iván Duque Márquez que sólo legisla para defenderse de los crímenes que se le imputan a los líderes de su partido, el Centro Democrático, también ha sido acertado en escoger a las mujeres campeonas en desaciertos. Mujeres conservadoras de la más rancia tradición como Marta Lucía Ramírez, sin ninguna inventiva social, pero sí con la desfachatez y los argumentos falaces para esgrimir opiniones en las que señala que en el país ya hay muchas psicólogas y sociólogas. Este despiste (por decir lo menos) debe ser tenido muy en cuenta porque de la desfachatez a la realización de la misma, no hay distancia en este gobierno que da muestras de no interesarle más nada que cuidar sus tierras, empresas y ganado. Qué les va a importar la salud mental y la memoria histórica de los colombianos. Y si lo dice la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez (la misma de “Llegaron los rusos”) quien ha saltado de gobierno en gobierno que en 2015 expresó sin inmutarse ideas como la siguiente, hay que estar alerta: “El expresidente Pastrana es el líder natural del Partido Conservador y yo estoy haciendo un trabajo institucional. Pastrana es un referente moral para el país y estamos trabajando para elevar la moral y la transparencia en Colombia”.
Y ahí vamos. De Marta Lucía Ramírez a Alicia Arango, la ministra del Interior que por arte de esa magia que se llama complicidad hoy es la ministra de Trabajo. Una vez allí, no demoró mucho en exponer su talante: “Un ingeniero de sistemas, tú no lo necesitas todo el día en la oficina, sino dos horas, que le coticen las dos horas”, dijo Arango sonriendo. Y aunque una forma de catarsis es la proliferación de memes para burlar el infame desatino, no hay nada de chistoso, excepto la frescura y convencimiento con el que la ministra Arango expuso su “tesis”. Porque si un estilo tiene este gobierno, es darnos a conocer sus exabruptos en lo social y económico a través de estas voceras cínicas o que son incapaces de habitar el idioma con coherencia y acierto.
Somos lo que decimos. Lo expresado en un texto, en un gesto o en la expresión oral es la evidencia de la visión de mundo (de país, en estos casos) que habita en nuestro interior ya sea por convencimiento o por alquilar nuestros principios al mejor postor. Estas mujeres, Marta Lucía Ramírez y Alicia Arango, lo saben. Y han logrado encontrar un estilo lingüístico para manifestar la mezquindad e insensibilidad social que las habita: “Aquí mueren más personas por robo de celulares que por ser defensores de derechos humanos. Parece mentira, pero hay que defender a los colombianos y hay que seguir defendiendo a los líderes, por supuesto, y en eso estamos”. Nótese la intención didáctica de la ministra que intenta estructurar una comparación, pero no le alcanza el lenguaje porque sus ideas, su perspectiva en relación con el desangre de los derechos humanos en el país no son acertadas. Su discurso es una muestra de cómo la ausencia de pensamiento desarticula de inmediato la expresión del mismo. Y se produce entonces la infamia manifiesta. Nada que esperar en el día de la mujer y en los que siguen hasta el 2022 si nos dirigen dos con este talante.