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La tradición inglesa que hemos conocido a través de la literatura, el cine y la televisión sostiene que “mentir” es una palabra inarmónica.
Lo inarmónico, nos dice su prefijo in, es la ausencia de armonía. Y la armonía nos enseñan los griegos representa el “perfecto equilibrio” en el ser humano, tanto en lo referente a su estado físico como intelectual, lo que producía una determinada forma de actuación durante el transcurso de su vida.
Porque no hay armonía en nuestro país es que prolifera la mentira. Y sabemos que los que la manejan con pericia son aupados desde el Centro Democrático y su líder en Señor de la Guerra. Mentir es pues, crear el caos porque mentir es romper la armonía.
Y no es raro que en cualquier campaña politiquera prolifere la mentira. Raro y absurdo es que en el Plebiscito que refrendará los Acuerdos de paz para incorporar a un grupo guerrillero se mienta. Pero así es aquí, un asunto como éste, se encuentra plagado de todo tipo de distorsiones y de paradojas. Una encuentra maestros ¡maestros! Que realizan doctorados en disciplinas del saber cercanos a las humanidades, listos a votar el No.
Otra definición nos dice que armonía es “la conveniente proporción y correspondencia entre unas cosas y otras”. Sin embargo se encuentran universidades cuyos modelos pedagógicos abogan por la formación humanística que guardan un triste silencio ante la posibilidad de decir si a un camino signado por la razón y no por las balas asesinas.
Luis de Góngora nos dice “aún, ante una infame turba de nocturnas aves gimiendo tristes sonidos y volando grave, existe la armonía”. Esa es la esperanza de quien estas líneas escribe: que en medio de la algazara y la vocinglería de los ignominiosos propagadores del armamentismo, se dejen escuchar las voces plenas de sentido humano y de perdón. Voces que respondan a la suficiente armonía que el universo brinda a todos los humanos y las especies para existir y coexistir. Voces que entiendan que hoy hace nueve días se silenció el ruido de las balas por parte de las FARC y del Ejército Colombiano.
Las mentiras que no pretende repetir esta columna –porque esa es la infame estrategia- rompen la armonía y confunden, disgregan, nos enfrenta ante una causa que nos debiera unir sin discusión. Lo contrario sucede en el bello y complejo arte del sonido que combina elementos de gran importancia: melodía, ritmo, forma, timbre, dinámica. No puede haber armonía en un reguetón, por ejemplo, por lo tanto miente intentando ser canción. No hay armonía en un llamamiento a que la guerra continúe, por lo tanto mienten quienes dirán no.