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Veintidós días

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Han pasado veintidós días desde aquel fatídico domingo en el que, no he de negarlo, abrí los ojos asombrados ante el resultado que nombraba como ganador a la opción del NO en el Plebiscito que abriría una esperanza de vivir en un país más racional.

Luego caí en un profundo escepticismo del que no me ha levantado ni el Nobel del Presidente Santos, ni el despertar del movimiento estudiantil, ni la soberbia voz de protesta de la artista Doris Salcedo; ni la reivindicación de la justicia con la exsenadora Piedad Córdoba.

Y es que ya son veintidós días de dilaciones, saboteos y avalanchas de sucesos que nos alejan cada vez más del aclamado “Acuerdo Ya”; veintidós días de análisis en lo que de manera errada se comparan las mentiras y calumnias de la campaña del NO con lo poco exitosa y muy confiada campaña del SI. No, porque lo primero es una infamia y lo segundo es actuar de buena fe ante la posibilidad de cerrar un ciclo sangriento.

Son veintidós días en los que los que votamos por el SI (y los arrepentidos del NO) no sabemos para dónde va este país cada vez más polarizado. Muchos seguidores del SI se notan extenuados y aplican la autocensura ante el fanatismo de los del NO que ven, pero no reconocen los pies de barro de un líder mezquino como el senador de marras, que a estas alturas se siente nuevamente empoderado, así su hermano se encuentre enjuiciado por delitos que también lo atañen a él.

Veintidós días con un país en vilo de veinte millones de abstencionistas. Veintidós días de propuestas por parte de los miembros del Centro democrático que quieren pasarse por la faja a más de seis millones de electores. Veintidós días en los que se pretende reformar unos acuerdos en los que trabajaron durante cuatro años y medio, una diversa muestra  de representantes de la sociedad y expertos nacionales e internacionales que ya habían estado como protagonistas en otros escenarios con conflictos tan o más enquistados que el colombiano.

Veintidós días que transcurren hacia no se sabe dónde, pero que despierta el miedo, la zozobra en las zonas periféricas donde la guerra reinaba para beneplácito de nuestros mafiosos políticos. Veintidós días es mucho o poco tiempo. Todo depende  de los intereses mezquinos de unos pocos o de las esperanzas de colombianos expectantes que dejemos de serlo y nos decidamos a actuar con encono por nuestros intereses colectivos como lo hace por los personales el  persistente senador twittero.

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