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La fuerza que claudica

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LA SITUACIÓN DEL PARTIDO LIBEral es deplorable. Su equipo de dirigentes se redujo cuando los tránsfugas lo abandonaron, como las ratas a los barcos en naufragio, por los puestos que el señor Uribe repartió en la diplomacia y la administración con el fin de asegurar su reelección. Gracias a las lentejas se fueron esos pobres diablos.

Pero la situación del Partido Conservador es humillante, porque sus dirigentes se inventaron la historieta de que su pensamiento político (¿cuál?) estaba mejor interpretado en el programa de Uribe que en las propuestas de los precandidatos de sus propias filas en el 2002. Descubrieron la tesis precisa para confesar su complejo de minoría y la pérdida de su identidad. Cuatro años más tarde repitieron que Uribe perseveraba en las ideas conservadoras y que no era necesario buscar candidato azul.

Hace tres meses, el presidente del Directorio Nacional Conservador anunció que su partido lanzaría candidato para el 2010. Nadie le creyó. Parece que ni él mismo. Pero algo de pudor retuvo por cuanto convino con algunos de sus colegas proponerle al ex presidente Pastrana, enemigo de la segunda reelección, que asumiera la Dirección Única de su colectividad a ver si así los copartidarios que tienen la boca llena, como el senador Hernán Andrade, salen al rescate de la dignidad conservadora.

Y nadie le creyó al senador Cepeda porque, con la excepción de Ómar Yepes Alzate, ningún otro jefe conservador se ha atrevido a decir que si su partido va con candidato propio lo lógico es que sus parlamentarios no voten la convocatoria del referendo. Los demás permanecen calladitos, como si la agitación de las candidaturas nada tuviera que ver con ellos.

La respuesta de Pastrana, en el sentido de que debe analizar bien la oferta, no es la estiradita común que se dan los jefes de más jerarquía en los casos en que su regreso a la militancia resulta estimulante. No. Es físico miedo. No a la jefatura y a sus responsabilidades, sino a un desfile de tránsfugas como el que diezmó al liberalismo. Él sabe que a la gran mayoría de sus coroneles no les interesa el poder. Los seduce el gobierno, como segundones. Como lo que son.

De modo que donde Pastrana suelte la orden de votar en contra del referendo, y el doctor Valencia Cossio saque la nómina de su maletín, la carrera de cien metros que arrancará encabezada por el senador Andrade romperá el último récord de Pekín. Todos sus pupilos llegarán a la meta ubicada en la Casa de Nariño con un tiempo entre 9:2 y 9:4, pidiendo silla y otra bandeja para los nuevos manjares burocráticos, y uno que otro contrato en el Huila, Atlántico, Boyacá, Valle, Tolima, que sé yo. De allí pasarán al campamento del Partido de la U, donde les asignarán el número de su afiliación.

No es el mismo mapa que dejaron Laureano Gómez y Mariano Ospina Pérez. Ni siquiera el de Misael Pastrana y Álvaro Gómez. A sus sucesores podríamos recordarles aquella frase digna de Cicerón: ¡Quién creyera, generación vencida, que en tan corto tiempo descendieras tanto! Siempre es que hay alguna diferencia entre los cuatro difuntos y el somnoliento Carlos Holguín Sardi, el descarado Ciro Ramírez Pinzón, el solemne Fincho Cepeda y el bondadoso y divertido Julito Manzur.

Al ex presidente Andrés Pastrana no le quedará otra alternativa que la de cambiar el eslogan de su glorioso partido en la misa de cuerpo presente. Ya no será la fuerza que decide, sino la fuerza que claudica.

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