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La garra de un aspirante

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YO NO CREO QUE EL PAÍS VOTE POR UN Santos. Sin embargo, el Ministro de la Defensa es un hombre audaz y temerario.

Lo demostró en la entrevista sobre la muerte de Marulanda, porque no sólo soltó la noticia sin preguntarle al presidente, a quien se le notó en el rostro el disgusto de no haber sido él el informante, sino por haber afirmado, sin el más leve asomo de temor, que como ministro del ramo autorizó el operativo contra Raúl Reyes a sabiendas de que Uribe lo aprobaría. Como quien dice: “Este mérito también es mío”.

Un ministro de Uribe que hable sin miedo a las iras de su jefe, que es un experto en la monopolización de los medios para mantenerse en campaña, merece que la gente lo mire como alternativa presidencial. Que Santos siempre “jala” para los periódicos y las revistas que tienen vínculos con El Tiempo o con su familia, no importa. Si antes se aceptaron sin escrúpulos los votos de los parapolíticos y los paramilitares, es mucho menos grave seleccionar por afectos especiales dos medios que ofrezcan confianza y promoción.

Usando la misma táctica de Uribe, Juan Manuel Santos ha capitalizado las bajas del Negro Acacio, Martín Caballero, Raúl Reyes e Iván Ríos, igual que la captura de Martín Sombra y la deserción de la sanguinaria Karina, para probar que él no es el mojigato que muchos suponen, simplemente porque no habla con la elocuencia de Alberto Santofimio o del viejo Carlos Holmes Trujillo. Virgilio Barco fue un pésimo orador y se sentó en la butaca de Bolívar.

Me dirán que los periodistas que se sintieron discriminados por Juan Manuel no le harán el juego. Paja. Los periodistas saben que hay “chivas” que se bambolean entre la duda y la certeza (las del clásico sin confirmar) que no dan espera cuando un entrevistador hábil pone al entrevistado contra la pared, sin el punto a favor de que uno de los sumos sacerdotes del periodismo colombiano, Juan Gossaín, absolvió a Santos, el martes pasado, en un comentario editorial cuya lógica no tenía refutación.

La semana anterior, pues, otro aspirante de la línea oficial mostró el filo de su garra. Y —¡quién lo creyera!— lo sacó de la cáscara Tirofijo, el mismo que eligió a Pastrana por las buenas (la paz) y a Uribe por las malas (la guerra), pero, en esta oportunidad, después de muerto del corazón con el que tanto amó a Sandra, su fiel compañera. Tirofijo ha superado, en tal virtud, a los grandes electores de nuestra historia política reciente: Alberto Lleras, Turbay Ayala, Alfonso López Michelsen y Misael Pastrana.

Lo mejor de los éxitos de Santos es que, aparte de haber sorprendido a Uribe fuera de base, ha levantado sus trofeos estando Germán Vargas Lleras en el exterior, donde recibe desde hace dos meses la preparación que le faltaba para ser presidente. Juan Manuel ya se había preparado en la Escuela Naval y en el Reino Unido; con Gaviria, Pastrana y Uribe en los ministerios de Comercio, Hacienda y Defensa, en su orden, y con Abdón Espinosa Valderrama al momento de discutir, en las oficinas de su ex matutino, los editoriales sobre temas económicos.

Le aconsejo a Luis Guillermo Giraldo, si quiere ser ministro del Interior y Justicia, que pare la recolección de firmas para la reelección de Uribe y la continúe para la reelección de la seguridad democrática, ya que, donde fallen el referendo y un acto legislativo expedido con votos ilegítimos, el tartamudito de la risita irónica se alzaría con el santo y la limosna.

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