Publicidad

Tambalea el modelo

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

HASTA EL RISUEÑO VIEJO GREENSpan le reprocha a Bush la desidia con que su gobierno descuidó los dislates del mercado inmobiliario, su política errática con los inmigrantes, el gasto excesivo en una guerra innecesaria, las rebajas de impuestos a los ricos más ricos y el punto y medio de inflación que no cedió por bastante tiempo. Quién sabe cuántas cosas le sugeriría cuando estuvo en la Reserva Federal que el soberbio presidente desatendió o que pasó al Congreso con recomendaciones diferentes a las del veterano economista.

Por lo sucedido en los siete últimos años en los Estados Unidos, prevaleció la condición humana de su presidente sobre la tarea que le correspondía a su gestión. Para repetirlo con las palabras de Toni Morrison, se sacrificó la excelencia a la dictadura democrática de la mediocridad. Con otro jefe de Estado no hubiera sucedido, por lo que dice y demuestra Eric Laurent en El mundo secreto de Bush, el atentado contra las torres gemelas, ni se hubiera declarado una guerra fundada en hechos falsos como la de Irak, ni se hubiera legalizado la tortura con las brutalidades practicadas en Abu Ghraib y Guantánamo.

Con la eficacia de las instituciones se amparó, sin que trascendiera, una torcedura de cuello a la Constitución y las leyes con el fin de tornar restrictivo y represivo el orden jurídico federal. Tamaña torcedura la alcahuetearon abogados encargados de buscar fórmulas que desmoronaran el engranaje de la protección social y articularan otra estructura para perseguir a los paganos, los proabortistas, las feministas, los gays y las lesbianas, responsables, según el periodista Pat Robertson, de la degradación moral de la sociedad americana.

Uno de los representantes elegidos con el respaldo de Bush en 2002, Tom De Lay, gritó en una reunión de evangélicos mediáticos que él y el Presidente estaban investidos de una misión divina que era “la de promover una visión mundial bíblica en las políticas llevadas a cabo por Estados Unidos”. Como el señor Bush no podía sentir la inferioridad de quienes lo rodeaban, dejó en manos de éstos la cachiporra de la moralización interna y desató su fanatismo contra Saddam Hussein, los inmigrantes hispanos y el hijo de los antiguos socios de su familia, el terrorista Ben Laden, sustituido en sus afectos y en los negocios por la familia Saud.

Ese fanatismo y esos vínculos comerciales les han costado a los contribuyentes gringos US$680.000 millones, y a Irak, 710.000 muertos. Son los saldos de una rara alquimia ideológica entre los halcones militantes del ala republicana de Bush y los textos de Charles Murray, Samuel Huntington, Francis Fukuyama y Alan Bloom. Es por eso por lo que un presidente que nunca prometió cambiar nada de la estructura política y económica de su país, lo ha cambiado todo para dañarlo todo y arriesgar la estabilidad del mundo entero.

Tiene razón el ex presidente del gobierno español Felipe González cuando anuncia la extinción del mito del mercado. Con un Estado cruzado de brazos ante los excesos del salvajismo económico no hay economía que resista al tiempo una crisis financiera con quiebras en línea, una tendencia inflacionaria global, el impacto inusitado de las potencias emergentes, la inestabilidad de las bolsas y los coletazos de la debacle en los países débiles. Y mientras todo esto ocurre, los esfuerzos convergen en la coyuntura, se alejan de la profundidad de las causas y aplazan la terapia.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido