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Durante toda mi vida he tenido el deseo de que los colombianos podamos disfrutar de nuestra tierra, y que nuestros hijos crezcan en ella sin miedo a que otro llegue a despojarlos, arrebatándoles de paso la felicidad y tranquilidad y sometiéndolos al futuro incierto que genera el desplazamiento forzoso.
Por esta razón la lucha que vengo ejerciendo desde décadas atrás se centra en la Restitución de Tierras a todos los colombianos que han sido víctimas del despojo de los distintos actores que de una u otra forma han participado en la guerra al interior de nuestro país, y que anhelan volver a su lugar de origen para vivir junto con los suyos, en la misma forma como se encontraban antes de que se les obligara a salir de su población, es decir, en paz.
A lo largo de esta lucha que vengo ejerciendo junto con otras personas en el país, he visto la manera como son asesinadas muchas personas, entre ellas líderes de organizaciones de víctimas que se dan a la tarea de pedir su debida reparación y por supuesto también la restitución de sus tierras. A pesar de que estos crímenes me han llenado de dolor y tristeza, también me invitan a seguir en este camino de espinas y piedras, porque de antemano soy consciente de lo difícil que es. Más no por eso desfallezco, porque también sé que no es imposible.
No niego que he sentido impotencia por no poder hacer nada para evitar que personas a las que he conocido, hayan sido asesinadas, por el solo hecho de pedir la devolución de sus terrenos. Es horrible ver como se les arrebata la vida a quienes uno considera como de su familia, y que los representantes del Estado se limiten únicamente a un simple discurso repudiando el hecho, pero dejando a los demás familiares en la misma indefensión en la que estaba la víctima antes de que se diera el crimen.
Es muy duro ser testigo de la manera como se intimida también a humildes campesinos que piden se les permita volver a sus parcelas, amenazándoles, agrediendo sexualmente a sus hijas, golpeando a sus hijos, quemándoles las pequeñas casas donde habitan y en ocasiones desapareciendo a algunos de sus familiares.
Es precisamente en nombre de las personas que han sido asesinadas y amenazadas por el solo hecho de buscar que se les restituya sus tierras, que me uno a la iniciativa del exalcalde de Bogotá Antanas Mockus, de marchar por la vida; de pedir que en Colombia nos respetemos el derecho más sagrado que tenemos los seres humanos: La Vida. Porque de seguir como vamos, la expedición de una Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, no pasará de ser un saludo a la bandera.
Por eso doctor Antanas Mockus, lo invito a que iniciativas como la Marcha por la Vida, tengan lugar en las distintas regiones del país, especialmente en aquellas donde se vive el conflicto armado, como la región del Urabá por ejemplo, donde pedir la Restitución de Tierras, es como firmar uno mismo el acta de defunción, porque más se demora la persona en realizar el trámite, que el sicario de turno en llegar en la parrilla de una moto y disparar sin duda alguna.
Señor exalcalde Mockus, cuente conmigo para marchar por la vida, y cuente también conmigo, cuando iniciativas como estas se celebren también en los distintos territorios del país donde se libra el conflicto armado, especialmente la región del Urabá, que desde mucho tiempo atrás parece haberse convertido en una especie de “Tierra de Nadie”.
@ludispalencia