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El incidente que ocurrió, según primicia de El Espectador, entre generales en retiro, representantes de dos organizaciones militares (Acore y CGA, Cuerpo de Generales y Almirantes), cuando uno de ellos se reunió con el jefe de Estado, revela el peligroso grado de odio que el mandatario les produce y, peor aún, el punto de sectarismo al que han llegado, incentivados por un círculo político que los usa como su brazo armado.
De acuerdo con la noticia, los barrigones que viven de un pasado que no siempre fue glorioso, están furiosos con el general (r) del Ejército Néstor Ramírez Mejía, actual presidente del CGA, por haber aceptado conversar con Santos. Tal es el “delito” que le imputan. Aparentemente, Ramírez también es sujeto de críticas porque no salió, directo, a contarles lo que sucedió en la Casa de Nariño a quienes se encontraban en uno de sus clubes del norte, en donde suelen sentarse durante sus tardes plácidas, a tomarse unos drinks que una servidumbre de manos enguantadas les pasa a la mesa, mientras en el otro lado del territorio nacional caen muertos en medio de las balas, soldados, cabos y sargentos y, obvio, ningún general. (Lea: Una reunión secreta con Santos y una revista autocensurada)
Además de hablar con el presidente y de no cumplir el innoble papel de correveidile, Ramírez habría sido condenado por sus compañeros por un artículo que publicó en una revista de divulgación de esas asociaciones (Ecos), que tituló “Una guerra sin vencedores ni vencidos”. Solo unas frases se filtraron de su texto porque, según la versión periodística, les molestó tanto que Ramírez tuvo que recoger los ejemplares que ya circulaban, y guardarlos para que jamás vuelvan a ver la luz. Censura del pensamiento se llama eso en las democracias. El escándalo que produjeron las frases de Ramírez no tiene otra razón que haber descubierto que el agua moja. Por ejemplo, decir que “no hay vencedores ni vencidos”. Hasta un niño de cinco años sabe, por sus clases de historia, que el aparato militar de Colombia no pudo resolver la guerra de guerrillas que ha durado más de 50 años. Si la hubieran vencido ¿por qué hay atentados “terroristas” y prácticamente ningún detenido?
Pero hay otra premisa de Ramírez, cuando este compara lo que ocurrió en Venezuela con nuestro país, que sería la que les parece riesgosa para ellos, en verdad: “(la permanente situación de conflicto) nos hace vulnerables a la aparición de un mesías quien casi con certeza no provendría de las filas de los armados. Un mesías al que luego sería imposible sustituir”. Ese “mesías”, por supuesto, puede pertenecer al populismo de extrema izquierda, como Chávez, o al de extrema derecha, como un Uribe en versión original o más grave todavía, en imitación barata, made in China. ¿Será esta alusión, por ventura, la que inquietó a los acores-conspiradores de profesión?
Ramírez Mejía no es ninguna monja de la caridad: hace apenas cuatro meses dio declaraciones en las que protestaba, agriamente, por el presunto retiro de la mesa de La Habana de los generales Mora y Naranjo; fue segundo comandante general del Ejército, agregado de defensa en Washington, excomandante de dos brigadas y una división en zonas de combate duro. Y sus artículos son replicados con fruición, en un blog que se autofine como de “ideas conservadoras, tradicionales y de derecha” y que justifica su existencia “para balancear la sesgada información de… medios amañados que les sirven a oscuros intereses”. Si Ramírez Mejía es sospechoso de “traición a la patria”, apagá y vámonos antes de que nos metan al calabozo o nos desaparezcan a quienes no pertenecemos al uribemilitarismo que utiliza, ese sí, todas las formas de lucha.