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Hay que aceptar los resultados electorales legítimos, gústennos o no. Así lo exige la democracia.
En Bogotá, la mayoría relativa se decidió por Petro, aunque fuera una tercera parte del total de votación, porcentaje precario para la gobernabilidad de esta ciudad caótica, cambiante y emocional, pero suficiente para elegirlo porque la diferencia numérica entre su Progresismo y Peñalosa fue amplia. No tiene discusión. Dicho lo anterior y más allá de las órdenes administrativas que el nuevo mandatario local tendrá que impartir en cuanto asuma sus funciones, hay que reparar en que su credibilidad pública se definirá por hechos significativos que enfrentará pronto y que encierran una contradicción con su pasado personal y político. La pregunta es cuál camino tomará. Describo algunos:
De izquierda o de derecha.- Petro, calificado por la prensa como “exguerrillero e izquierdista”, intentará —si nos atenemos a su talante transaccional— replicar el esquema del presidente Santos, de centro derecha, con su “mesa de unidad nacional”. Si lo interpretó bien, el alcalde electo irá tras la conquista de cuanto partido y líder de cualquier tendencia haya por ahí, pero bajo el nombre de “acuerdo sobre lo fundamental”, denominación original del líder histórico de la derecha, Álvaro Gómez Hurtado, de quien Petro se declara ferviente admirador, no importa el sancocho ideológico que se derive de ese sentimiento. Pero no se entenderá con los líderes del partido bandera de la oposición a la ultraderecha que lo acogió y le permitió su fama.
Del dicho al hecho.- Suele suceder: cuando un político deja el campo de la crítica libre de quien está afuera y toma la responsabilidad del gobernante, se confronta con sus frases del pasado. Está por verse cuál será la conducta que Petro asumirá al mando del Ejecutivo capitalino, frente a las siguientes afirmaciones dichas por él desde la barrera del Congreso, en entrevista para El Espectador hace unos años: 1. “El clientelismo sólo se construye alrededor del poder. No se puede hacer clientelismo sin poder… Cuando se adquieren espacios como el gobierno de Bogotá u otros, hay que tener mucho cuidado porque el clientelismo lleva a la corrupción y la corrupción a la falta de ideas y al pantano”. 2. “La derecha hace el juego de construir la izquierda que ella quiere… para (ponerla) al lado de los empresarios. Entonces esa izquierda abandona los cambios que son inevitables”.
Muera el directorio del Polo con todos sus electores.- Permanece la duda de qué tipo de relación entablará Petro con sus únicos previsibles opositores, respetables sectores de izquierda que él ha combatido con no pocos gestos públicos de desprecio. El aspirante polista a la Alcaldía de la capital Aurelio Suárez, el candidato más formado y serio que haya tenido ese partido en elecciones locales, fue víctima, injustamente, del peor momento de su agrupación. Obtuvo poco más de 30 mil votos contra 720 mil del disidente. ¿Será suficiente este resultado para que el alcalde calme su sed de venganza o pretenderá, estilo Uribe con el liberalismo, enterrar la colectividad de los impolutos Carlos Gaviria, Jorge Enrique Robledo, Clara López y el recién llegado Iván Cepeda entre otros? El Polo está disminuido pero no muerto. Cualquier demócrata conoce la importancia de su existencia, sobre todo en este país de lagartos del poder que ya deben estarse agolpando a las puertas del Palacio Liévano. El futuro del Polo depende de su reacción ante su crisis actual. Curiosamente el futuro de Petro también se definirá por la manera como dilucide sus laberintos y paradojas. Él tiene la palabra y el mazo en su mano. Los bogotanos sabrán muy pronto si se dejaron engañar una vez más o si sus votos acertaron por fin.