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¿Y si hubiera ganado el Sí por 0,43% de los votos?

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El No al acuerdo de paz ganó. Para bien o para mal de Colombia.

Esa es la noticia que conmocionó al escaso 37% que participó en el plebiscito, incluyendo a los promotores de esa opción pues, como se ha notado en sus titubeantes respuestas, nunca contemplaron tal posibilidad como tampoco la contemplaron, asombrosamente, el gobierno y los partidarios del Sí. Ganó el No por 53.894 votos de un total de 12’808.858  papeletas válidas. Ganó el No por 0,43%, ni siquiera un punto de ventaja sobre el Sí. Así es la democracia y debe aceptarse el fallo popular aunque la diferencia entre las dos probabilidades sea pírrica. Ganó el No duélale a quien le duela, y a pesar de que esa decisión mayoritaria desemboque en una grave situación para el país entero (ahí sí, ojalá no). Ganó el No y los que se oponían al acuerdo con las Farc, aquellos que hicieron maromas dignas del Cirque du Soleil para impedir la celebración del plebiscito, ahora, triunfantes, disfrutan sus resultados sin ninguna objeción sobre la jornada, la Registraduría o el Consejo Electoral. Y hacen propuestas disfrazadas de sensatez, pero de un alcance que ni que hubieran ganado la Presidencia de la República desde ya. La loca del Centro Democrático alcanzó a decir que Santos debía renunciar. Y el senador Uribe, con voz pausada que a mí me suena más que a la serenidad del ganador, a la responsabilidad que le cabe al instigador de esta sin salida,  propone amnistía para los guerrilleros y “alivios” para los militares, precisamente los temas firmados en La Habana que él y sus amigos criticaron antes, con ácido en sus palabras. E incluye, entre sus órdenes para la administración que ahora trata como subalterna, la reconducción de la economía, la eliminación de unos impuestos, la retoma de la “confianza inversionista” y hasta asuntos de política exterior. Su conducta no es rara. Conocemos de sobra su carácter autocrático, l’État c’est moi. Lo extraño es que el gobierno y su bancada actúen como si el No hubiera aplastado al Sí. 

Presidente Santos: usted sigue siendo el mandatario constitucional con la plenitud de sus poderes, mandatos y funciones. Reconocemos su talante democrático cuando convocó al pueblo a decidir un asunto que, jurídicamente, usted hubiera podido imponer, y su gallardía al aceptar los resultados de la consulta, la noche en que perdió el Sí. Eso no habría ocurrido si el ganador del No hubiera estado en la Casa de Nariño. Todavía tenemos presente el oprobioso trámite del referendo con que Uribe pretendía conseguir un tercer periodo sucesivo en la Presidencia, y sus presiones al Congreso y a la Corte para que lo aprobaran, para no mencionar la invalidez que alegó en el referendo del año 2003 cuando perdió su propuesta. Me alegro de lo que pasó el domingo ¿Qué tal que el Sí hubiera ganado por 0,43%? ¿Se imagina en lo que estaríamos? ¿Qué habrían dicho y hecho Uribe, Pastrana, Ordóñez y los abusadores pastores de sectas que manipulan analfabetas? ¿Cuántos trucos del registrador habrían denunciado? ¿Cuántos reconteos de votos habrían solicitado?

Reaccione, señor presidente: retome el acuerdo, componga lo que sea necesario según la votación y haga uso de la sentencia de la Corte Constitucional (C-379/16) que usted está obligado a obedecer y que dice en el acápite “Los efectos de la aprobación y del rechazo del Acuerdo Final refrendado por plebiscito especial”, en su punto 115: “ la consecuencia correlativa de la votación desfavorable o de la falta de votos suficientes para la misma, es la imposibilidad jurídica para el presidente de adelantar la implementación de ese Acuerdo en específico….” Pero añade: “Esta conclusión no es incompatible con que, ante la negativa del Pueblo, a través de las reglas del PLE (proyecto de ley estatutaria del plebiscito) se ponga a consideración del Pueblo una nueva decisión, con unas condiciones diferentes a las que inicialmente se pactaron y fruto de una renegociación del Acuerdo anterior”. Políticamente es necesario que usted tenga en cuenta las peticiones de la oposición, pero no entregue su bandera de paz. Ni tanto que queme el Santos ni tan poco que no lo alumbre.

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