Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Uno de los cambios con que se inaugura el capitalismo del siglo XXI, un nuevo capitalismo con otras tecnologías y preeminencias, es la pérdida de hegemonía de Estados Unidos en términos económicos, culturales, políticos e ideológicos, a pesar de su aún fortaleza en la investigación científica, en el desarrollo e innovación tecnológica, y su supremacía militar. Cada vez es más notoria su incapacidad para hacer valer sus puntos de vista internacionalmente, a diferencia de lo que ocurrió desde la segunda guerra mundial.
Esta debilidad relativa tiene que ver en gran medida con la polarización cada vez más agresiva de la población estadounidense en tres bloques aparentes. El primero querría recuperar a cualquier precio el pasado “sueño americano,” de una clase media blanca creciente, religiosa, de suburbios, pueblos o rural, elevando su bienestar sostenidamente, de un país homogéneo racial y culturalmente, al mismo tiempo hegemónico sin contraparte en el mundo. Lo consideran perdido por debilidad, abandono de ideales, excesos culturales liberales, y por la pérdida de empleos en la industria manufacturera que los lleva a reclamar contra el libre comercio. Para recuperarlo piensan que deberían rescatarse los valores tradicionales e impedirse el desplazamiento manufacturero a otros países. Donald Trump representa esta corriente.
El segundo grupo, más realista, más liberal, es consciente de que la demografía y los cambios en el mundo inducen necesariamente pérdida de homogeneidad y de hegemonía. Para viabilizar los negocios y satisfacer a la clase media sería necesario cambiar la estructura económica del país desplazando las manufacturas de poco valor agregado a otros países. Hillary Clinton habría sido su exponente.
El tercer grupo, también liberal culturalmente, que también acepta la pérdida de homogeneidad y hegemonía, aspiraría a una reconstrucción de la sociedad americana que implique, sobre todo, la separación entre la política y los negocios con predominancia de la primera. Al enfrentar la preeminencia de los negocios aspira a revertir la pérdida de manufacturas. Bernie Sanders los habría representado. Siendo el menos numeroso acabó aliado al segundo para bloquear al primero, su principal antagonista.
El primer bloque, aunque tenga ahora la presidencia, parece ser minoría; de hecho, Trump obtuvo tres millones menos de votos que Clinton. Lo es, entre otras cosas, porque excluye a minorías étnicas, raciales y culturales, como los hispanos, asiáticos, negros, homosexuales, universitarios y artistas. Pero los bloques no son monolíticos y parte de estos grupos habría apoyado a Trump.
Parece difícil que ese primer bloque recupere su preeminencia a pesar de las peleas, prepotencias y políticas de su líder. Varias son las razones. La primera, porque según la Oficina del Censo para 2065 la población blanca dejará de ser mayoritaria (46 por ciento), los hispanos serán la primera minoría (24 por ciento), los asiáticos la segunda (14 por ciento), y los afroamericanos la tercera (13 por ciento).
Parece más difícil que en el contexto tecnológico y de globalización actual el proteccionismo de Trump logre recuperar la preeminencia de la economía estadounidense y sus empleos manufactureros. La pérdida de ese empleo tiene que ver más con cambio tecnológico y robotización que con su desplazamiento hacia países con costos laborales menores. Por su parte, cerrar y aislar la economía estadounidense conducirá rápida e inevitablemente a su retraso tecnológico, al predominio de China, lo que acelerará su conversión en la primera economía mundial, y al antagonismo con Europa. En ese contexto, Europa buscará fortalecerse aliándose con Asia.
Debería ser claro para América Latina que Trump es un caso perdido, no representa ninguna oportunidad (absurdo pretender que el señor admitirá sustituir un proveedor grande, mexicano por ejemplo, por diez pequeños, incluido un colombiano), y que lo que debe hacer es fortalecer su relación con Asia y Europa pues el futuro tecnológico y los grandes mercados vendrán de allá.