Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Toda decisión o acción humana implica un confronte o una elección ética. Puede definirse como ético lo que favorece la humanidad de la persona o de las personas e incrementa su bienestar sin perjudicar a otros. Parece claro que todo problema de corrupción es también un problema ético, en la medida en que la corrupción pospone o reduce el bienestar de otras personas. Por cierto, no siempre hay respuestas únicas ni claras a preguntas sobre comportamientos éticos o corruptos.
La corrupción toma diversas formas, en beneficio propio o de terceros. Puede significar: una trasgresión de la legalidad; un aprovechamiento del poder, de la cercanía al poder o de los bienes públicos; la evasión de impuestos; la manipulación de las normas y regulaciones o de la información pública o reservada; una gestión para legalizar lo que atenta contra la equidad, la moral social o la justicia; una desnaturalización de la economía de mercado con prácticas de no competencia, monopólicas u oligopólicas.
Muchas veces, cuando aún estábamos en la escuela, considerábamos que si copiábamos y no nos descubrían, o robábamos pequeñas cosas en el almacén, éramos unos “vivos”, y si hacíamos “bulling” a nuestros compañeros más débiles o menos capaces éramos los “fuertes”. A su vez, muchas veces, cuando conocemos esos comportamientos en nuestros hijos somos complacientes y tolerantes con ellos, e incluso los defendemos cuando los maestros nos llaman para discutir su comportamiento. ¿Pero acaso no es corrupción copiar, robar o abusar? Más aún, ¿no es también corrupción ser tolerante con el delito, encubrirlo y defender al responsable?
Muchas veces hemos dicho que esos actos son perdonables porque son actos pequeños sin mayor trascendencia, ¿pero no es acaso cierto que si se toleran e incluso se celebran cuando son hechos pequeños, no crean una cultura que más adelante da pie a hechos proporcionalmente mayores? ¿No es acaso cierto que lo que hacemos de pequeños y es aceptado familiar y socialmente se convierte con los años en un patrón de conducta? Pero entonces, si aceptamos esos hechos de los pequeños, ¿por qué nos escandalizamos y censuramos acremente cuando el político o el empresario tal o cual es descubierto robando una obra pública, falsificando documentos para ganar una licitación, exigiendo y pagando una coima para acceder a un contrato público o esconder una responsabilidad judicial?
La corrupción se desarrolla sobre todo en sociedades tolerantes y complacientes con las acciones indebidas que realizan personas con poder político o económico, o con las relaciones impropias entre actividades privadas y públicas, tanto en la gestión como en la inversión, para sacar ventajas en beneficio propio aunque signifiquen perjuicio para el resto de la sociedad.
Probablemente es consecuencia de una acumulación de poder tal que el poderoso acaba auto convenciéndose de su omnisapiencia y omnipotencia, y acomodando la ética y la moral a su interés particular. O es consecuencia de una larga dominancia del poder por un determinado grupo social, transmitida por generaciones, que da pie a una cultura permisiva con los delitos o las acciones dolosas. Muchas veces, las acciones corruptas reflejan las que se cometen desde la infancia, probablemente con una escala menor. En otras ocasiones son consecuencia de una inexistente separación entre bienes públicos y privados de tal manera que los primeros se tratan como propios. Esta práctica se origina, casi siempre, en la creencia y en el convencimiento de que el poder, en cualquier ámbito, público o privado, es excluyente y sirve para beneficiarse aún a costa de los demás.
¿Soluciones? Siendo un fenómeno complejo, la corrupción suele superar la capacidad de prevención y control de las mejores leyes y regulaciones anticorrupción, incluyendo aquellas destinadas a eliminar las prácticas rentísticas y lograr mercados eficientes. No obstante, aunque éstas no sean suficientes, no dejan de ser necesarias. Por ello, parece claro que la lucha anti corrupción debe tener también otras dimensiones: 1) transformaciones culturales desde la infancia, donde la educación juega un papel clave, 2) transparencia en la gestión, contratación y resultados de las actividades públicas y de las sociedades anónimas registradas en bolsa, 3) supervisión oportuna sobre éstas, y 4) control ciudadano amplio sobre la gestión de los mandatarios.
* Profesor, Pontificia Universidad Javeriana, Departamento de Economía.