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“No es una corte. Es una junta” (“It’s not a court. It’s a junta”), es el titular de la columna publicada el pasado 27 de junio por Eugene Robinson, premio pulitzer, escritor, reportero y columnista hace 30 años en el diario The Washington Post.
Robinson escribe sobre la decisión que tomó el viernes 24 de junio el ala conservadora de la Corte Suprema de los Estados Unidos con la que revirtió la sentencia conocida como Roe contra Wade que desde 1973 garantizaba el derecho al aborto en este país. Explica el escritor que para describir a los jueces decide usar “junta”, “un término comúnmente usado en los regímenes militares de Latinoamérica, porque, bueno, así es como se siente”.
Sigue: “Ellos quieren un país donde las mujeres, una vez más, sean ciudadanas de segunda clase. (…) Esto significa unos Estados Unidos con menos mujeres trabajando y más en el hogar criando hijos. (…) Esto significa que esas niñas a las que les han dicho que sus horizontes son ilimitados ahora deben ser despojadas de esa peligrosa idea e informadas lamentablemente de que primero que todo son máquinas de hacer bebés”.
Ese mismo día 27, Elizabeth Dias escribió un artículo en The New York Times en el que recogió las opiniones de varias fuentes de distintas religiones en las que es común la palabra “Dios o Señor” y el agradecimiento al poder divino por lo que ocurrió en la Corte. “Creo que Dios usará esto para ayudarnos a construir una mayor cultura de la vida, una que permita que en 50 años ninguna mujer considere el aborto”, afirma en la nota Margaret H. Hartshorn, presidenta de la junta directiva de Heartbeat International, una red que está en contra del aborto.
Citado por BBC News, el Instituto Guttmacher señala que unos “36 millones de mujeres en edad reproductiva vivirán en estados sin acceso al aborto. La revocación afectará mayormente a mujeres pobres, en estados sureños y del oeste, que tendrían que viajar a estados progresistas para realizarse un aborto”.
Esa es la síntesis de lo que ocurre en el otrora país de las libertades. La religión y cinco jueces, bajo un cuestionable argumento provida, han dado una lección: ningún derecho ganado (en cualquier parte del mundo) se puede dar por sentado. Esa es la misma Corte que el 23 de junio (un día antes de la decisión que derogó Roe contra Wade) determinó que cualquier persona con licencia para tener armas de fuego podrá legalmente salir a la calle con ellas y sin necesidad de mostrar justificación alguna ante las autoridades.
Lo anterior ocurre luego de la última masacre en Uvalde (Texas), en la que un joven mató a 19 niños y dos maestras en una escuela. El juez liberal de la Corte, Stephen Breyer, que votó en contra de ese exabrupto, reveló que en 2022 “ya se han reportado 277 tiroteos masivos, un promedio de más de uno por día”.
La “coherencia” de una mayoría en la Corte Suprema provida.
Esta no es una posición contra las religiones. Sí lo es contra las miradas que atropellan las libertades y los derechos de las personas. Los libros religiosos no son la Constitución. Las creencias no se imponen. Bien pueden los y las creyentes no abortar y criar hijos no deseados, ese es también su derecho. El mío, el de mi hija y el de las mujeres libres es y será decidir cuándo y cómo queremos ser mamás, si es que ese es nuestro deseo.
Para muchos ciudadanos del mundo ser provida es pensar solidariamente, promover que quienes nazcan sean deseados y amados, y defender la salud física y mental de las mujeres. Ser provida es respetar.
Ñapa. Gracias, Francisco de Roux y equipo de la Comisión de la Verdad. Gracias a las víctimas y a los victimarios por dar un paso hacia la verdad.
*Periodista. @ClaMoralesM