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Por: Paola Cubillos*
“El cannabis es, a lo mejor, una de las sustancias más incomprendidas en el planeta”
~ Profesor David Nutt, Cali, Febrero 20, 2020
Estamos viviendo un cambio social y cultural sin precedentes en lo que respecta a la manera de considerar las sustancias psicoactivas y su impacto en nuestra sociedad. Los medios de comunicación nos presentan casi a diario avances en Colombia y en otras regiones del mundo en legislaciones que contemplan el uso medicinal y lúdico del cannabis, los impactos en la salud pública de la permisividad que ha existido frente al alcohol y el cigarrillo, y adelantos científicos en el tratamiento de condiciones de salud mental con ciertas sustancias psicotrópicas.
Estos cambios en nuestra forma de abordar las sustancias psicoactivas no se han dado de la noche a la mañana, si no que han ocurrido de manera lenta y paulatina durante décadas, muchas veces impulsados, como en el caso del cannabis medicinal, por las necesidades de grupos de gentes que buscan alivio para condiciones médicas que no encuentran en los fármacos tradicionales.
Es precisamente a raíz de los movimientos de pacientes con VIH en Estados Unidos, que, durante la década de los 70 y 80, encontraron en el cannabis un tratamiento accesible para su bajo apetito, las náuseas producidas por los fármacos antirretrovirales de la época, y el dolor de tipo neuropático que estos producían como efecto secundario.
Estas y muchas otras anécdotas de madres y padres con niños con cuadros epilépticos severos, con retrasos psico-motores, problemas de comportamiento han llevado a que la comunidad científica, y gobiernos en diferentes partes del mundo, le presten atención a los potenciales terapéuticos de los componentes de la planta cannabis sativa.
Es así como una planta, cuya demonización ha perdurado por décadas impulsada por el racismo y el afán de controlar la vida de los ciudadanos, se ha posicionado como una alternativa terapéutica para varias enfermedades crónicas de difícil manejo, y nos ha llevado a re-evaluar, como sociedad, si el temor que tanto sentíamos frente a ella era realmente justificado.
El reconocido psiquiatra neuropsicofarmacólogo David Nutt, quien recientemente visitó Colombia para hacer una corta ronda de conferencias, publicó hace aproximadamente diez años los polémicos resultados de un estudio donde se compara el riesgo que acarrea el uso de sustancias psicoactivas, a manera individual como a nivel de la sociedad, incluyendo las legales como el alcohol y la nicotina. Este estudio, publicado en la prestigiosa revista The Lancet, determinó que, de las drogas usadas en el Reino Unido, el alcohol es mas peligroso que la heroína, la cocaína, la marihuana, y que el daño causado por el uso de sustancias como el LSD y la psilocibina de los hongos mágicos es mucho menor. Aunque este estudio ha sido recibido con grandes críticas en diferentes círculos académicos, fue un estudio revolucionario que llevó a que muchos círculos políticos replantearan su posición frente al impacto de las sustancias psicotrópicas.
El uso terapéutico del cannabis, en jurisdicciones como Canadá y California también le ha dado un nuevo aire a la discusión sobre la legalización del cannabis para uso recreativo – término ha sido reemplazado por “uso adulto”. Estas dos jurisdicciones han dado pasos en los últimos 5 años hacia la legalización del cannabis, estableciendo estrictos controles agrícolas para su producción, distribución y venta. En el caso de Canadá, la intención de la legislación y la regulación es proporcionar un marco de salud pública que reduzca la probabilidad de resultados negativos para la salud y los posibles efectos derivados de la criminalización. Esta ley fue implementada en Octubre 17, 2018. Hasta la fecha, las estadísticas demuestran que aunque el consumo ha aumentado en personas mayores de 50 años, no se han presentado un aumento de problemas de salud asociados con el uso del cannabis, y, de manera mas notable, no se han registrado aumentos de consumo en adolescentes, quienes son considerados como los mas susceptibles a sufrir efectos deletéreos con el uso intenso del cannabis.
La discusión acerca de la liberalización de las actitudes frente a sustancias como el cannabis también ha llegado a altos niveles como la Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas. En enero del 2019, el Comité de Expertos de Drogas de Dependencia de la OMS generó un reporte acerca de la reclasificación del cannabis, después de considerar la evidencia científica respecto a los impactos de su uso. Este reporte incluyó una serie de recomendaciones que fueron dadas a los estados miembros de la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas, e incluían provisiones encaminadas a cambiar la clasificación del cannabis e incluirlo en categorías menos restrictivas, y la exclusión del cannabidiol, sustancia no-intoxicante proveniente del cannabis, de las convenciones internacionales del control de drogas.
La votación sobre la adopción de estas recomendaciones por los estados miembros del la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas estaba programada para la semana pasada en Vienna, donde se llevaba a cabo la sesión 63 de dicha comisión, pero fue aplazada hasta Diciembre del 2020. Algunos países miembros de esta comisión, que está compuesta por 53 naciones, alegaron necesitar mas tiempo para considerar las ramificaciones de esta potencial reclasificación, dados su alto impacto social, legal y administrativo.
El cambio de paradigma que estamos viviendo actualmente respecto al cannabis también ha abierto la puerta a que consideremos, desde el punto de vista científico y cultural, el potencial que tienen otras sustancias psicoactivas en términos terapéuticos. Las comunidades indígenas han usado por milenios plantas que tienen propiedades alucinógenas en sus rituales, muchos de ellos con el objetivo de tener una conexión mas profunda con su comunidad y la naturaleza que los rodea. Con base en esas experiencias místicas, también reportadas por personas que usan sustancias como el ácido lisérgico y los hongos mágicos, los científicos interesados en explorar alternativas para el tratamiento de ciertas enfermedades de salud mental – como adicciones, trastorno por estrés postraumático, depresión severa- han encontrado en sustancias conocidas como “psicodélicos” como la psilocibina proveniente de los hongos, el 3,4-metilelendioxi-metanfetamina, o MDMA (comúnmente conocido como “éxtasi”), la ketamina, usada en el contexto anestésico, la ibogaina y la ayahuasca, una posible ruta terapéutica que está siendo explorada en centros académicos de alto prestigio como la Universidad de Johns Hopkins y el Colegio Imperial de Londres.
Así las cosas, estamos siendo testigos de replanteamientos a varios niveles sociales, académicos, científicos y gubernamentales frente al uso de sustancias psicoactivas. De manera positiva puede vislumbrarse que estos cambios están siendo impulsados por la necesidad de entablar abordajes alternativos frente a las drogas, que tengan un enfoque humano y de reducción de daño. El mismo Presidente de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) afirmó recientemente, en relación a la necesidad de cambiar el enfoque frente a los estupefacientes “Tenemos que reconocer que las convenciones se redactaron hace casi 60 años […]y creo que es el momento adecuado para ver si todavía son adecuadas para su propósito, o si necesitamos nuevos instrumentos alternativos y enfoques alternativos para abordar estos problemas.»
*Médica. Directora Médica para Colombia de CB2 Insights.