A limpiar la casa

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Por: Renson Said

Llega el nuevo alcalde de Cúcuta, el ingeniero Jairo Yáñez, a limpiar la casa. Una casa que en los gobiernos anteriores era realmente una cueva de ladrones. Cúcuta no ha tenido suerte con sus alcaldes: desde investigados por nómina paralela, como Manuel Guillermo Mora, hasta cuestionados por su capacidades mentales como Donamaris Ramírez. Y asesinos, como Ramiro Suárez. Y en medio de todo eso, lo que ustedes quieran: gente que llega al Palacio Municipal a enriquecerse, a empeñar la ciudad a través de concesiones, de negocios turbios, de artimañas jurídicas.

De modo que la casa que recibe el nuevo alcalde está sucia. Si levanta el tapete verá la basura acumulada de sucesivas administraciones que le han dado la espalda a la ciudad. Si corre las cortinas, verá que se robaron hasta el marco de las ventanas. Porque es una casa saqueada hasta el último minuto, hasta el último segundo. Por ejemplo: mientras el alcalde Yáñez limpiaba, en un acto simbólico, la estatua del general Santander, la maquinaria ramirista aseguró la contratación de la empresa de acueducto y alcantarillado por once meses más. Porque no tienen vergüenza. Cúcuta ha sido tratada como una ciudad prepago por todos sus alcaldes en la última década.

La casa que recibe el ingeniero Yáñez probablemente tenga de celador, o sea, de contralor municipal, a una cuota de Ramiro Suárez, lo que significa que no le será fácil sacar adelante una ciudad que todavía huele a podrido, y menos aún, lograr que los cucuteños cambien de chip y pasen de una cultura traqueta a una de convivencia ciudadana. De una ciudad caótica a una con un mínimo de orden, tanto moral como físico.

El país entero se preguntaba cómo era posible que un alcalde condenado por asesinato controle, desde la Picota, a una ciudad que fue pionera a nivel nacional en muchos aspectos: desde la aviación hasta el ferrocarril. El primer café de Colombia se cosechó en Cúcuta con matas traídas de Venezuela. También se sembró el primer cacao. La Gran Colombia se funda en el Congreso de Cúcuta en 1821, pero 180 años después, llegó Ramiro Suárez y la historia se detuvo. Cúcuta era una casa insegura, sin luz, sin gas, sin semáforos. Mientras sus gobernantes engordaban, la casa caía desde sus propios escombros en un derrumbe perpetuo, que no tenía dolientes.

Más daño que el terremoto de 1875 y que la fiebre amarilla que azotó a la ciudad a finales del siglo XIX, han sido los gobiernos locales que actúan como parásitos. De modo que el nuevo alcalde no la tiene fácil.

Tampoco se trata de fundar falsas expectativas, ni de sobredimensionar la figura de un viejo bonachón que, en vez de estar en una hamaca leyendo novelas de caballería, prefirió lanzarse al ruedo, limpiar la casa y darle una nueva imagen para que sus inquilinos recobren la confianza. Porque no solo se trata de hacer políticas públicas que mejoren las condiciones de vida de los ciudadanos, se trata también de ayudar a cambiar la forma de pensar; y crear conciencia de que la casa es nuestra y por lo tanto, debemos cuidarla para que no se la roben, como lo han venido haciendo los gobiernos anteriores.

Es muy prematuro decir algo del nuevo gobierno. Esperemos los 100 días. Esperemos que todo le salga bien porque ya no resistimos un fracaso más. La tarea que tiene el nuevo alcalde es tan grande que si defrauda, la ciudad entera no volverá a creer nunca más en ningún dirigente. Su responsabilidad es histórica. De modo que esperemos a que esta casa, la casa del duende (como llamaban los Barí a esta región) no sea una casa en el aire.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido