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Alzate y ‘Alape’: tuvimos la foto, falta la canción

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MUCHOS ANALISTAS Y MEDIOS DE comunicación colombianos y no colombianos celebraron en su momento la liberación del general Alzate.

Esta vez, los canales de televisión se quedaron sin poder repetir una y mil veces la entrega de los capturados. Sin embargo, todos, incluso el semanario inglés The Economist, concordaron en que la liberación del general y su comitiva era una buena señal para el proceso de paz.

La presencia de Pastor Alape en dicha liberación fue interpretada como una demostración de la unidad de las Farc y algunos sugirieron que para consolidar la unidad de mando fue enviado para explicarles a las tropas los desarrollos en La Habana. Esta apreciación interesante y lúcida no revela la importancia de su visita y de la foto que le tomaron junto al general Alzate. Quizá Alape fue al Chocó a refrendar su liderazgo, pero fundamentalmente, me aventuro a creer, iba a entrevistarse con Alzate. Por eso, la foto que les tomaron fue mucho más diciente que las palabras de Santos, Timochenko y los opositores del proceso de paz.

Nunca antes un general de la República había sido capturado por un grupo guerrillero en Colombia. Por tanto, era fundamental un encuentro entre el general y un comandante de las Farc. La presencia de Alape en la liberación no se debió exclusivamente a que él fuera el comandante del bloque Iván Ríos; lo importante era que el general hablara con uno de los negociadores de La Habana. Esto explica quizá el retraso en la liberación, que en un principio estaba programada para el sábado. Y también explica el hermetismo del Gobierno posterior a la negociación.

¿De qué hablaron? ¿Qué dijo Alape? ¿Qué respondió Alzate? ¿Qué callaron los dos? Mucho me temo que para saber esa historia necesitaríamos que Escalona componga una canción. Pasará un buen tiempo, más del que ya ha pasado, antes de que Alape y Alzate cuenten públicamente de qué hablaron. Sin embargo, creo que su encuentro será una pieza clave cuando en el futuro analistas hablen de los altibajos que atravesó Colombia para alcanzar un acuerdo de paz.

El episodio de la captura del general Alzate marca un antes y un después para el proceso de paz. No porque nunca antes las Farc hayan capturado a un general del Ejército o porque el Gobierno haya logrado su liberación en tiempo récord, sino porque esta captura permitió que dos actores claves de esta guerra se vieran cara a cara sin matarse en medio de la confrontación armada. Así, dos enemigos, Alzate y Alape, caminaron entre la selva chocoana y mediaron su enemistad en pro de un objetivo más grande: el llevar a buen término el proceso de paz entre el Gobierno y las Farc.

Este ejemplo de grandeza quizá haya sorprendido a muchos. Sin embargo, no debería sorprendernos, porque como me dijo el exministro de Relaciones Exteriores sudafricano El Ebrahim, durante su visita a Colombia y cuando hablábamos de cómo había sido el proceso de integración del ANC a las Fuerzas Militares sudafricanas: “Aquellos que arriesgan su vida por un ideal —como los soldados y los guerrilleros— son profesionales de la guerra y saben que la enemistad queda atrás cuando el conflicto armado acaba”.

Quisiera creer que el gesto de reconocimiento de la humanidad del comandante y el general en medio de la guerra es un ejemplo para algunos políticos y empresarios de este país que siguen reescribiendo el pasado como una estrategia para recrear nuestro presente como un momento de crisis donde odios heredados ponen en peligro el ideal de una nación. Una nación que aún no existe, que está en construcción y que debería resultar en el reconocimiento de los errores del pasado para empezar a respetarnos entre todos. 

Andrei Gómez-Suárez *

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