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La semana pasada Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica sorprendieron al mundo con la creación del Nuevo Banco de Desarrollo, representativo del “sur económico”.
El anuncio y la V Cumbre de los BRICS, realizada en Fortaleza, marcó un hito en un sistema internacional acomodado en sus propias limitaciones y sin respuestas para los cuestionamientos y necesidades de gran parte de la población del planeta.
Su aparición en 2002 se debió a un estudio económico de Goldman Sachs que prevía que los países del BRIC superarían al G7 en 2050. Este grupo representa el 43% de la población y 25% de la riqueza mundial, respectivamente. Sin lugar a dudas, los BRICS han disminuido la invisibilidad construida del Sur.
Pareciera ser que dos gigantes que nunca estuvieron dormidos, sino subestimados con relación a su papel en el mundo -más allá de que la mayoría de los productos consumidos, pirateados o no, son made en China y de un ex imperio con inmenso poder en su tradicional zona de influencia-, hubieran fortalecido su alianza estratégica en pro de detener una guerra preventiva militar, económica y de inteligencia que ya no se sostiene ni el tiempo ni el espacio. Además, los fines ya no justifican los medios porque en las últimas décadas las guerras han sido inventadas.
En ese mundo oscuro, 298 personas murieron en el avión que volaba de Ámsterdam hacia Kuala Lumpur cuando sobrevolaba el territorio ucraniano, actualmente una zona de conflicto. Ucrania se ha convertido en una triste pieza del ajedrez geopolítico internacional, pero eso no disminuye el dolor de millones de personas en el mundo. Horas después del accidente, Estados Unidos anunció sanciones contra varios bancos y empresas vinculadas al sector energético de Rusia. Parte de la prensa internacional atribuyó el hecho a los grupos separatistas de Ucrania, mientras algunos afirmaban que los separatistas no disponían de la tecnología utilizada para derribar el Boeing 777. Por otro lado, se planteó que el blanco de esa operación era el avión del presidente Putin, cuando regresaba de la reunión de los BRICS. No obstante, las coincidencias no existen en el sistema internacional del siglo XXI, más maquiavélico que nunca.
Es importante recordar que el proceso de inestabilidad de Venezuela se agudizó después de la reunión de la CELAC en CUBA, cuando se mencionó por primera vez la posibilidad de independencia de Puerto Rico. Sin desconsiderar la complejidad de una Ucrania dividida Rusia y China salieron de su área de influencia para “cooperar con el sur”. En la declaración final de la Cumbre de Fortaleza los BRICS se opusieron a los últimos hechos de la Franja de Gaza, en donde el Ejército Móvil del Mundo actúa despiadadamente. Además, en la reunión sostenida con UNASUR apoyaron a Argentina en su cruzada contra los fondos buitres.
Ojalá esa tragedia del Boeing 777 pueda abrir los ojos del mundo. El G7 agoniza mientras los BRICS subsisten a pesar de las presiones. Pareciera ser que esa terrible guerra va a continuar y que realmente el mundo necesita de contrapesos para lograr el equilibrio en las relaciones internacionales. Potencias vienen, potencias van y el anárquico sistema internacional sigue careciendo de una gobernanza global.
Beatriz Miranda *