Publicidad

‘Callejeando’

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Quiso la suerte hacerme nacer bogotano, algún día de 1976, en eso que llamamos Chapinero.

Los años transformaron a esa tan vapuleada ciudad que aloja tal vecindario en la mayor de mis inspiraciones, no sé debido a qué caprichoso designio. En parte por ella comencé a hacer radio. En parte por ella me hice escritor.

Hoy —gracias a los oficios de un estupendo director, llamado Juan Camilo Ramírez— terminé convertido en el presentador de una serie documental para televisión concebida por él y titulada Callejeando, cuyo principal y más quijotesco propósito era el de mostrar nuestra ciudad en dimensiones pretérita, actual y futura… con “desparpajo”, como él mismo anota cada vez que puede.

Cuatro meses —en jornadas enteras de lunes a sábado— tomó la ejecución de dicha idea. Hoy —pese a haber dedicado una fracción considerable de mis días a la exploración de esta incomprendida dama con rostro de asfalto— puedo decir que tantas faenas de frenética exploración me hicieron entenderla de otra manera.

Y no me refiero a los tecnicismos televisivos del mencionado proyecto, que de entrada ya constituyen otra mirada, pues la hacen lucir como a través de una lente de aumento (dollys, grúas, animaciones en 3D, puestas en escena del pasado y demás). Hablo —sobre todo— de la infinidad de magníficos personajes que por ahí anduvieron apareciendo y de los muchos espacios ocultos a los que en un pasado no tuve acceso.

Citaré dos: la iglesia del Voto Nacional (aquella que nos dio el rótulo —no sé si honroso o más bien lamentable— del país del Sagrado Corazón), joya perdida en vecindades del tan temido Bronx, donde dolor, miseria, solidaridad y esperanza cohabitan en pacto de no agresión. O la preciosa y casi virgen quebrada Las Delicias, en lo que ahora llamamos Chapinero Alto y antes Bosque Calderón… un oasis de aguas límpidas a no más de 10 minutos, caminando a ritmo firme, entre la carrera Séptima con calle 62 y nuestros cerros orientales.

Ahora —sin ser demagógico— apelo a estas líneas para agradecer, primero, al “compañero director” y a todo su equipo por haberme vinculado a esta aventura de la que sin duda no habré de olvidarme. Y es mi intención convidar también a quienes hayan seguido estas letras para descubrir aquello que nosotros contemplamos. E incluso —todavía más importante— eso a lo que mi sensibilidad no alcanzó a avistar.

Todo a través de Callejeando, programa del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, a ser transmitido este domingo y todos los subsiguientes, por 13 capítulos, a las 9 p.m., a través de Canal Capital. De corazón —el corazón no tan sagrado de un bogotano más— siento que mi ciudad, madre generosa, llena de hijos poco gratos, nos lo agradecerá. Pero —sobre todo— que así tendremos ante nuestros ojos una urbe oculta, rebosante de calles, personajes, monumentos, y proyectos.

Andrés Ospina *

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido